- Una ardua tarea para los cuerpos de seguridad debido a las características de sus baterías y a los procedimientos especializados
Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas
El crecimiento de los vehículos híbridos y eléctricos en Tuxtla Gutiérrez comienza a representar un nuevo desafío para los cuerpos de emergencia, debido a las características de sus baterías y a los procedimientos especializados que requieren para atender incendios o accidentes en los que estas unidades resulten dañadas.
El teniente Ángel Valladolid, del Departamento de Bomberos de Mexicali, Baja California, señaló que, de acuerdo con información compartida durante la capacitación, una compañía que el año pasado tenía alrededor de 300 vehículos en la ciudad actualmente supera las 2 mil 500 unidades, lo que refleja el rápido crecimiento de este tipo de movilidad.
El riesgo está en las baterías
Valladolid explicó que los vehículos eléctricos concentran gran parte de su sistema de baterías en la parte inferior de la unidad. Cuando este componente sufre un golpe severo, perforación o daño estructural, puede desencadenarse una fuga térmica, proceso que genera gases inflamables y puede provocar que el incendio se prolongue durante varias horas.
A diferencia de un incendio convencional, la batería puede conservar energía incluso después de que el vehículo haya sido desconectado, por lo que los cuerpos de emergencia deben identificar primero el modelo de la unidad, localizar el paquete de baterías y realizar un procedimiento de desenergización y enfriamiento.
El especialista señaló que, bajo determinadas condiciones, un vehículo puede continuar generando gases y presentar nuevamente un incendio después de haber sido trasladado a un corralón, si la batería vuelve a calentarse.
Bomberos requieren equipo
Ante este escenario, uno de los principales retos es que los cuerpos de bomberos cuenten con herramientas, capacitación y productos específicos para intervenir en este tipo de emergencias.
Entre los recursos considerados se encuentra el químico F500, utilizado como agente encapsulante para ayudar a estabilizar partículas de iones de litio y favorecer el enfriamiento de las baterías.
El costo también representa un desafío. Una garrafa de 25 litros tiene un precio aproximado de 450 dólares, y para atender un incendio de este tipo pueden requerirse más de tres garrafas, además de alrededor de 2 mil galones de agua. Incluso con este procedimiento, explicó Valladolid, no existe garantía de que la unidad quede completamente fuera de riesgo.
Más unidades,nuevos protocolos
El crecimiento de la movilidad eléctrica obliga a los servicios de emergencia a adaptar sus protocolos, ya que no se trata únicamente de combatir las llamas, sino de identificar el tipo de batería, cortar o controlar la energía y evitar una nueva reacción térmica.
Valladolid aclaró que los vehículos eléctricos no son, por sí mismos, más peligrosos que los convencionales. El riesgo aumenta cuando la batería recibe un daño considerable que pueda provocar una perforación, fuga térmica o arco eléctrico.
Con la expansión de este tipo de vehículos en las calles de Tuxtla, el desafío para los cuerpos de emergencia será contar con los recursos necesarios para responder a una tecnología que cada vez tiene mayor presencia en la ciudad










