La poesía es mi abuela

José Manuel Morales Penagos 

Crucero

Acudiste sin demora a la reunión de lo libertino,

No pusiste filtro,

No pausaste un momento,

Lo traías trabajado.

Con falacias pretendías evaporar el dolor,

Con alegorías, de virtud y valor, me enaltecías,

Tus ojos, húmedos y extraviados,

Crédulos de ese momento tan cierto.

Tu rostro, surcado por el recorrer de tus lágrimas,

Triste y meditabundo se encuentra, 

Tus pensamientos,

Absortos y relajados, 

Satisfechos de placeres.

Entiendo,

Tú eres ajena,

Completamente,

No nos pertenecemos más.

Un solo camino,

Andado y aborrecido,

Bifurcado por el ego.

Instante

Se perdió en el tiempo,

Sonó su silencio sórdido, 

Liberó mis miedos,

El llanto.

En el vacío,

Como efímeros colgantes

Aferramos los recuerdos,

Fuimos nada,

Sólo polvo tirado al viento.

En este instante,

Cronos me absorbe,

Su espiral me deposita en el lado oscuro de la luna,

La cara pálida sin expresión,

El espejo de mi alma.

Exhalación

Déjame odiarte todos los días,

En sus mañanas largas, 

En sus tardes medianas,

En sus noches efímeras.

Déjame vaciar la ira,

En las sombras de lo nunca encontrado,

Lugar en el que mí corazón juega

Ha extraviar tu recuerdo.

Me borraste,

Como se borra una palabra,

Como se espanta el sueño un lunes por la mañana,

Y, presurosa, escribiste

Una nueva historia.

Crees que mereces todo,

Y estoy de acuerdo,

¿Qué es todo?

Que tus ojos lo definan.

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