Desde julio, la semilla quedó en la tierra, pero la falta de lluvias impidió que la milpa se desarrollara; hay crisis, afirman productores
Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas
Entre el 8 y el 10 de julio, Manuel Saraí Hernández Hernández tiene la costumbre de sembrar maíz: es la fecha que ha seguido durante años para evitar que el periodo de estiaje alcance al cultivo; sin embargo, este ciclo la estrategia no fue suficiente. La semilla quedó en la tierra, pero la falta de lluvias impidió que la milpa se desarrollara.
Hernández Hernández recorrió sus terrenos y mostró las parcelas donde esperaba obtener la cosecha de este año. Lo que encontró fue un cultivo que no logró avanzar. “Se sembró, pero ya no nació”, explicó al señalar las áreas afectadas.
El productor calcula que alrededor de seis hectáreas se perdieron. La afectación contrasta con el rendimiento obtenido el año pasado, cuando logró cosechar entre seis y siete toneladas de maíz por hectárea. Para este ciclo, en cambio, su expectativa es que no habrá cosecha.
“Yo siembro del 8 al 10 de julio para que no nos agarre el verano, pero ahora no valió ninguna fecha de siembra, ninguna, todas están iguales”, señaló.
Mientras avanzaba por las parcelas, Hernández Hernández explicó que, para esta temporada, la milpa debería encontrarse en una etapa mucho más avanzada, con el jilote grueso y próxima a entrar en elote. La falta de humedad detuvo ese proceso y dejó las tierras sin posibilidades de alcanzar el rendimiento esperado.
La escasez de agua también se observa en las áreas destinadas al ganado. El productor señaló que el pasto dejó de retoñar, por lo que ya no puede obtenerse con normalidad el alimento para los animales. De esta manera, la falta de lluvias no solamente compromete la cosecha de maíz, sino también otras actividades que dependen de la disponibilidad de agua.
Ante estas condiciones, el riego representa una alternativa, aunque no todos los terrenos pueden acceder a él. Hernández Hernández cuenta con un pozo profundo que utiliza para regar parte de sus cultivos de caña, pero el agua no alcanza para cubrir todas las hectáreas y ampliar la instalación requiere una inversión que, por ahora, no puede realizar.
El productor asegura que no había enfrentado una sequía como la actual. Ahora, con las parcelas de maíz perdidas y el pasto sin crecimiento, los campesinos enfrentan la incertidumbre sobre cómo continuar con la producción y cubrir los gastos que implica mantener sus actividades.
“El agua es la vida de todos”, expresó Hernández Hernández al referirse a la situación que atraviesan sus tierras.











