- Los pequeños negocios y los bazares representan una oportunidad para generar ingresos y mantenerse económicamente activas, especialmente las mujeres arriba de los 50 años
Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas
Al llegar a la adultez, emprender puede dejar de ser una alternativa para convertirse en el principal sustento económico. Para algunas personas, especialmente mujeres que ya superan los 50 años, encontrar un empleo puede resultar cada vez más difícil, por lo que los pequeños negocios y los bazares representan una oportunidad para generar ingresos y mantenerse económicamente activas.
Así lo vive América Reyes, emprendedora de 51 años y líder del bazar Nuevas Estrellas, quien asegura que actualmente vive completamente de su emprendimiento, Regálate, dedicado a la venta de papelería kawaii. Su experiencia, dice, también refleja la realidad de otras mujeres de 55, 60 y hasta 65 años que han encontrado en el comercio una forma de obtener ingresos ante la falta de oportunidades laborales.
“Yo ya soy una persona de 51 años que ya no encuentra trabajo”, relata América, al explicar por qué decidió apostar por el emprendimiento. Pero la necesidad de generar ingresos no solamente alcanza a las personas adultas. Sus dos hijas, ambas universitarias, también cuentan con un pequeño negocio de snacks saludables como una manera de apoyarse para continuar con sus estudios.
En este escenario, los bazares se han convertido en una plataforma importante para quienes no cuentan con un establecimiento propio.
América señala que la situación económica también se ha reflejado en el comportamiento de los consumidores y que las ventas en los bazares no han sido buenas. A esto se suma una competencia cada vez mayor entre los propios emprendedores, que buscan atraer a los mismos compradores.
Para ella, uno de los retos es lograr que estos espacios no funcionen únicamente como escaparates para darse a conocer, sino que permitan concretar ventas. Explica que anteriormente la dinámica podía estar enfocada en un 80 por ciento a la publicidad y 20 por ciento a la venta, mientras que ahora buscan que esa proporción cambie y que el esfuerzo de participar en un bazar se traduzca en mayores ingresos.
Por ello, los emprendedores han tenido que adaptarse. El uso de redes sociales, códigos QR, transferencias y pagos con tarjeta se ha vuelto parte de sus estrategias para no perder clientes. Incluso cuando una persona no compra en el momento, la intención es que pueda guardar el contacto, seguir sus redes y posteriormente buscar sus productos.
Pero detrás de cada puesto también existen necesidades que pocas veces son visibles para los consumidores. América cuenta que algunas compañeras han llegado a los bazares sin dinero y, cuando no consiguen vender durante toda la jornada, pueden terminar sin recursos siquiera para pagar el transporte de regreso a casa.
Muchos bazaristas instalan sus puestos en espacios públicos y permanecen expuestos al sol, la lluvia y el viento, mientras intentan mantener sus productos en condiciones adecuadas y atraer compradores.
A pesar de estas dificultades, América considera que los bazares siguen siendo una oportunidad para quienes buscan sacar adelante un negocio.










