Educación ambiental ya es una prioridad

  • Comienza a tomar un papel importante en la recuperación de los espacios naturales de la Zona Metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, con la participación de estudiantes y ciudadanos con el fin de recuperar vegetación

Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas

La educación ambiental comienza a tomar un papel importante en la recuperación de los espacios naturales de la Zona Metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, con la participación de estudiantes y ciudadanos en acciones que buscan recuperar vegetación, generar refugios climáticos y responder a los efectos del aumento de las temperaturas.

Uno de los trabajos se desarrolla en el Cobach 236, donde 219 jóvenes participaron en la creación de espacios verdes y en el diseño de un refugio climático. El proyecto busca que la comunidad estudiantil se involucre directamente en la recuperación de un plantel que había perdido parte de su vegetación, además de generar áreas que favorezcan la infiltración del agua y proporcionen mayor confort térmico.

La participación de los jóvenes forma parte del programa de Conservación del Patrimonio Natural de la Zona Metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, que desarrolla su segundo año de actividades con la intervención de Tierra Verde Naturaleza y Cultura, Suelo Vivo Chiapas, Heliomaster y Ligalab, en alianza con The Nature Conservancy México.

Carla Mancilla, de Suelo Vivo Chiapas, explicó que el trabajo no se limita a sembrar árboles, sino que busca involucrar a la población en la conservación y recuperación de los espacios naturales. Para ello, el programa se desarrolla mediante tres líneas de acción: prevención de incendios, fortalecimiento de capacidades ciudadanas y restauración ambiental.

Dentro de esta última se encuentran las llamadas selvas de bolsillo y los refugios climáticos, espacios de menor escala que buscan recuperar vegetación nativa y generar condiciones ambientales más favorables en zonas urbanas. La intención es que estas acciones puedan reproducirse en distintos puntos de la zona metropolitana con la participación de la ciudadanía.

Esta herramienta permite ubicar zonas donde coinciden factores como una menor cantidad de lluvia, incremento de temperaturas, vulnerabilidad social y modificaciones en el uso del suelo.

Una de las mediciones se realizó en una selva de bolsillo de la Unicach. Una brigada de ciencia ciudadana encontró que, mientras el pavimento puede alcanzar hasta 48 grados Celsius durante la temporada de calor, en el interior de este espacio se registraron 26 grados.

La diferencia de hasta 22 grados entre ambos puntos permite observar las condiciones térmicas que pueden generarse en un espacio con vegetación frente a superficies de concreto.

A partir de estas experiencias, el programa ha impulsado 150 réplicas de selvas de bolsillo en distintos puntos de la zona metropolitana.

De esta manera, la educación ambiental se incorpora como una parte del proceso de conservación: los estudiantes y ciudadanos no solo reciben información sobre el deterioro ambiental, sino que participan en acciones concretas de restauración y posteriormente pueden observar sus resultados.

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