Denuncian ataques por apoyar a Palestina

Sin Embargo

La violencia contra el pueblo palestino también viaja y a veces alcanza a quienes condenan el genocidio. Desde hace años, al terminar su servicio militar en Israel, jóvenes llegan a Chiapas de vacaciones. Y la población local había lidiado con sus malos tratos, pero en las últimas semanas han agredido a personal de librerías y centros culturales por tener la bandera palestina.

En las últimas semanas, “hemos visto el aumento de agresiones y de hostigamientos en espacios públicos donde se muestra la solidaridad con Palestina no solamente mediante eventos, sino a veces simplemente con un sticker, una bandera o un kufiya (pañuelo palestino)”, comenta un activista. Mientras, dice, el gobierno estatal hace acuerdos con Israel.

Otro promotor cultural en San Cristóbal de las Casas señala que con la misma impunidad con la que Israel está llevando a cabo un genocidio en Gaza, ciudadanos y ciudadanas israelíes actúan “donde se encuentren del mundo. O sea, tratando de pisotearnos”.

SinEmbargo habló con tres integrantes de distintos proyectos culturales, políticos y sociales en aquella ciudad chiapaneca, quienes son parte de colectivos por Palestina y narraron las agresiones recientes. Pidieron omitir sus nombres no sólo por seguridad, sino porque señalan que estos ataques no son personales, sino contra toda la comunidad.

Los ataques a La Cosecha

El domingo 6 de septiembre, una persona entró a la librería La Cosecha “y cuando vio que teníamos expuesta la bandera de Palestina y también una pegatina en la puerta donde se explicita que en este lugar no aceptamos sionistas porque estamos en total solidaridad con la lucha de Palestina”, la mujer enfureció.

La Cosecha es una librería independiente. Además de su actividad editorial, es un espacio para reflexionar y debatir sobre movimientos sociales, el zapatismo, la historia precolonial y postcolonial, feminismo y política. Además imparte talleres para personas adultas y en la infancia.

Una de las libreras de La Cosecha relata que ese día aquella persona agredió verbalmente al personal. Les dijo además que estaban muy mal informadas y que estaban desinformando a la gente. Muy molesta aseguró “que el sionismo es un proyecto en defensa de los pueblos originarios” de México.

La respuesta que le dieron, fue la que advierte desde la entrada: “en este lugar nosotras apoyamos a Palestina”, le dijeron. “Entonces, si no te gusta, te puedes ir, no hay ningún problema”.

Eso sólo hizo que se pusiera “más agresiva. Subió todavía más el tono y empezó a gritar que nosotras no sabíamos nada porque el sionismo en realidad es un proyecto para defender a los pueblos indígenas. Y que por eso ellos están llegando a Chiapas, para dar información a la gente”.

Un “descanso” en medio del genocidio

“Desde hace décadas, muchísima gente joven viene de vacaciones a esta zona después de su servicio militar obligatorio. Tienen una red de hostales y casas alrededor del mundo que los reciben”, señala una de las libreras de La Cosecha. “Después de perpetrar crímenes de lesa humanidad, merecen un descanso”, dice con ironía.

Al cumplir 18 años, “todo ciudadano de origen judío, druso o circasiano” tiene la obligación de “prestar servicio” en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), según la página del ejército de ese país. Los hombres permanecen un mínimo de dos años y medio y las mujeres, dos años.

Una vez dentro, se les puede asignar a “unidades de combate de élite” o a unidades de apoyo. Es decir, para atacar a población en Gaza o Cisjordania, por ejemplo. Al terminar, no se desvinculan del ejército, sino que pasan a formar parte de las tropas de reserva.

Sionista contra trabajadoras

Desde que entró a Kinoki, la pareja iba “con una actitud bastante prepotente”, cuenta uno de los integrantes de ese foro cultural con que lleva 23 años en San Cristóbal de las Casas. Eran un hombre y una mujer de unos 30 años, calcula.

Los cinedebates en Kinoki son una de las varias actividades mediante las cuales informan y dialogan sobre diversas problemáticas, cuenta. 

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