Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
Durante 2026, las labores de rescate e incautación de especies de fauna silvestre han registrado una tendencia al alza respecto al periodo previo.
Esta situación, valorada desde la perspectiva del biólogo Jerónimo Domínguez Laso, pone en evidencia una realidad compleja: el Centro de Conservación, Manejo y Aprovechamiento Sustentable de Flora y Fauna Silvestre (Comaffas) opera al límite de su capacidad, tanto en infraestructura como en recursos económicos.
En este recinto se alojan y atienden entre 80 y 90 especímenes de diversos grupos taxonómicos, entre los que destacan mamíferos, aves y varias clases de reptiles, tales como boas, culebras no venenosas y loros.
Sin embargo, las condiciones de infraestructura imposibilitan la recepción de un volumen mayor de ejemplares. Ante este panorama, la institución aceleró el proceso para reincorporar a su hábitat natural a aquellos animales que concluyeron su periodo de recuperación física y biológica, los cuales se encuentran a la espera de la liberación de expedientes y la inspección por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).
La dinámica de aseguramiento de fauna mantiene patrones estacionales bien definidos: durante la temporada de lluvias, el número de reportes ciudadanos se incrementa debido al avistamiento de serpientes que buscan resguardo en zonas urbanas.
Asimismo, en periodos recientes se detectó el aseguramiento recurrente de crías de tortuga destinadas a la venta ilegal en el mercado informal sin la certificación de procedencia. Respecto a los psitácidos, como pericos y loros, se enfatizó la gravedad de su extracción furtiva mediante la tala de árboles, práctica destructiva que ocasiona altas tasas de mortalidad o deja secuelas permanentes que complican su reintegración a la vida silvestre.
A pesar de que las cifras de incautación reflejan una constancia o un ligero incremento en el último bienio, las capacidades del centro no se han expandido. Admitir un número de especímenes superior a la capacidad instalada acarrearía problemas de hacinamiento, mermando las condiciones de bienestar animal y comprometiendo su cuidado.
Por ello, se apela a la responsabilidad de la población, remarcando que el fortalecimiento de la educación y la concientización ambiental constituye el pilar fundamental para mitigar el tráfico ilícito y desincentivar la captura indeseada de la biodiversidad local.










