Entonces, escribo/Damaris Disner
Damaris Disner Lara / Diario de Chiapas
Disfruto sentarme en el sillón reclinable de mi papá. Obsequio de mi hermana cuando la Galería estaba en su primera sede. Desde ese lugar, él podía ver la puerta de la entrada, las noticias en la televisión o platicar en la sala.
Y en ese reposet, donde mis pensamientos se enredan o se desenredan, han llegado grandes revelaciones. Si estoy indecisa en algo, aterriza la certeza de cómo debo proceder, aunque he de confesar que mis mayores iluminaciones han sucedido en el baño. Y tiene su lógica: Cuando sueltas, recibes; disculpen la imagen escatológica.
Hace unos momentos leí “Fusilados” de Nelly Campobello, ilustrado por Jessica Ocampo, de la colección “Vientos del Pueblo” del Fondo de Cultura Económica. El relato puerta es “Cuatro soldados sin 30-30”. A mi mente aterrizó el poema “El seminarista de los ojos negros” de Miguel Ramos Carrión, semejante en la distancia de la niña que mira a alguien pasar cotidianamente y un último doloroso adiós en silencio.
Comparto breves frases de Campobello en “Fusilados”, las que me confirman que la poesía nunca es lejana a la buena narrativa: “Había hambre en su risa”, “los zapatos me parecían dos casas arrastradas torpemente”, “los hilos de su vida los tenía el centinela dentro de sus ojos”, “los ojos de mamá, hechos grandes de Revolución, no lloraban, se habían endurecido recargados en el cañón de un rifle de su recuerdo”, “dijimos con la curiosidad en el filo de los ojos”, “se incrustaron en su cuerpo hinchado de alcohol y cobardía”, “el muerto tímido había sido robado por alguien, la tierra se quedó dibujada y sola”, “Parral de noche es un pueblo humilde, sus foquitos parecen botones en camisa de pobres”, “adormecido de dolor recitaba una historia dorada de balas”, entre otras.
La narradora es la pequeña Nelly, quien vivió la Revolución Mexicana, recreada en su edad adulta espejea como transita la niñez hechos traumáticos y una manera de transmutarlos es en la literatura. Recomendaría su lectura a partir de los 13 años, es cruda, sí, y la edición ni las ilustraciones están diseñadas para joven público, pero con una adecuada mediación lectora es posible abordar la historia de nuestro país desde esta mirada.
Es acertado acercarse a Nelly Campobello (1900-1986), porque es un referente en la literatura mexicana, considerada entre los novelistas de la revolución junto a Mariano Azuela y Martín Luis Guzmán, además engrandece la mirada sabia y valiente de una niña y no hay otra forma de enfrentar la actualidad que, disertando sobre el pasado para resignificarlo, de la mano del arte y la fortaleza de la identidad nacional, que fueron también logros de la Revolución Mexicana.
Las revoluciones sociales nacen de la semilla de la injusticia, pero casi nunca cosechan la equidad permanente porque el poder obnubila.
En la contracubierta de “Fusilados” se lee: “…es una de las tres partes de Cartucho, la obra más representativa de Campobello, donde narra desde un punto de vista infantil, lo más crudo de la lucha revolucionaria en el norte del país…”
Y ahora que reviso la columna, me doy cuenta que por vez primera firmo con mis dos apellidos, lo hice de manera espontánea. Lo dejo así porque es tiempo de hacerle más caso a la intuición, la gran inteligencia que nutre a la inteligencia creadora. Vuelvo al sillón para imaginarme al abuelo y a mi padre en una charla donde ya no existen las revoluciones externas sino la evolución espiritual; esa que nos hace pegar el brinco para unir las piezas de un rompecabezas genealógico y … universal.
Colofón columnístico
Atenta invitación: El miércoles 7 de octubre, a las 7 de la noche, en la Galería Rodolfo Disner, se presentará el poemario ¿Papá es un pez?, de mi autoría, ilustrado por Panchito (¿Villa?) de Espantapájaros Editorial. El libro tendrá un costo de 190 pesos, por el momento tenemos preventa de 150 pesos. El día del evento, y en los subsecuentes, se entregarán los ejemplares. Entrada libre.
Contacto: [email protected]










