Aremi Fuentes, aquella niña que descubrió la halterofilia viendo los Juegos Olímpicos se transformó en una deportista que hoy porta con orgullo los colores de México.
Agencias/Diario de Chiapas
A veces los grandes sueños comienzan de la manera más sencilla y así fue para la chiapaneca Aremi Fuentes; todo empezó frente a un televisor, viendo los Juegos Olímpicos junto a su familia.
Fue ahí donde conoció la halterofilia, viendo competir a Soraya Jiménez, quien se convirtió en una inspiración. Aremi era una niña y, al descubrir este deporte, también descubrió algo sobre ella misma: era fuerte y tenía en sus manos una capacidad que podía llevar mucho más lejos.
“Supe que esto era para mí cuando me di cuenta y entendí que era una niña muy fuerte y que la halterofilia se me acomodaba muy bien”, recuerda.
Desde entonces, la barra, los entrenamientos y la tarima se volvieron parte de su vida.
Pero el camino no siempre ha sido sencillo, uno de sus mayores aprendizajes ha sido entender que muchas veces los límites comienzan en nuestra propia mente, enfrentar los miedos, dejar atrás las dudas, eso se convirtió en uno de sus mayores retos; porque detrás de cada levantamiento también hay esfuerzo, disciplina y muchas veces la decisión de confiar en uno mismo.
Y cuando llega el momento de subir a una tarima internacional, todo ese camino cobra un significado especial. Para Aremi, representar a México es volver a sus raíces, recordar sus sueños y pensar en todas las personas que han estado a su lado: “Cada vez que me subo a la tarima es recordar mis sueños, recordar mis raíces, recordar toda la gente que me apoya”.
Ponerse el uniforme con los colores de México también es una manera de mostrarle al mundo el talento que existe en nuestro país. Es llevar consigo a su familia, a quienes la han acompañado y a esa niña que un día descubrió, viendo los Juegos Olímpicos, que ella también podía hacer de la halterofilia su propio camino.
Pero Aremi también disfruta de los momentos lejos de la competencia. Sigue estudiando, hace sus tareas, le gusta leer, dibujar y pasar tiempo con su familia y amigos.
Son esos espacios los que le permiten recordar que detrás de la atleta también está una chica que disfruta las cosas sencillas y que sigue construyendo sus sueños.
Ahora, cada vez que toma la barra, Aremi no solo busca levantar un peso, levanta también todo lo que ha vivido, a las personas que han creído en ella y los sueños que comenzaron cuando era una niña frente al televisor.
Y quizá ahí está su mayor fuerza: en seguir creyendo, en levantarse después de cada reto y en recordar que aquella niña que un día pensó “esto es para mí” todavía la acompaña cada vez que sube a la tarima.










