Emil Cioran y el vacío existencial en la era digital

Emil Cioran y el vacío existencial en la era digital

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

¿Qué sentido tiene existir dentro del capitalismo digital en un entorno donde hay un afán enfermizo de hacer visible, medible o rentable nuestra existencia?

El filósofo Emile Cioran no se anticipó a la era digital, el eje central de su pensamiento era el vacío existencial y las mil y una formas en que intentamos taparlo. Su vasta obra recorre nuestro hastío, el insomnio, la desesperanza, la imposibilidad de encontrar un sentido último, y la imposibilidad de reconciliación con la existencia.

En su condición digitalizante, el capitalismo domina la economía de la atención y nos llena de consumismo, hiperconectividad, exposición permanente a los medios, y alimenta nuestro afán de autoexhibición; el yo se cuantifica, se autolimita y coexiste con otros seres bajo el influjo de los algoritmos, la vigilancia mutua, la productividad permanente y la necesidad de reconocimiento.

La digitalización de la subjetividad convierte la crisis existencial que Emil Cioran describió en sus obras en una experiencia permanentemente mediada, cuantificada y comercializada: los seres humanos ya no solamente experimentamos el vacío, sino que producimos contenidos, imágenes y datos alrededor de éste para intentar olvidarlo.

Cioran mantuvo una idea recurrente en sus obras: el problema fundamental no está necesariamente en el mundo exterior, sino en la propia conciencia de existir. La digitalización introduce algo paradójico: las plataformas ofrecen innumerables mecanismos para entretenernos provocando el olvido de nosotros mismos.

TikTok, Instagram, YouTube, videojuegos, plataformas de streaming, notificaciones, memes, etc., producen una sucesión infinita de estímulos que nos alejan de los sentidos de totalidad o de completitud. El capitalismo digital se yergue como una gigantesca maquinaria de distracción frente al vacío que tanto tememos.

Aparentemente entre más estímulos hay más sentido, pero la sociedad digitalizada no elimina su vacío existencial; por el contrario, usa la enorme gama de dispositivos disponibles para no enfrentarlo. Para Cioran, el hastío no es simplemente aburrimiento; hay una dimensión existencial que es la experiencia de la pérdida de significado y de la imposibilidad de encontrar una justificación última para existir.

El capitalismo digital intenta combatir permanentemente el aburrimiento, cada segundo debe ser ocupado y para ello están las notificaciones, los videos, los podcasts, los maratones de series, las recomendaciones musicales algorítmicas, los memes o las compras compulsivas.

Probablemente el problema no sea que tengamos demasiado aburrimiento, sino que hemos desarrollado una incapacidad cultural para experimentarlo. Ante el vacío, el ser humano se convierte en objeto de su propia mirada, se entretiene, consume y se diluye ontológicamente. Todo indicaba que las redes sociodigitales traían algo diferente, pero las personas convirtieron su propia vida en objeto de observación pública.

En su dilución el yo se transforma en perfil, imagen, contenido, datos o mercancía, y el filósofo sur coreano Byung Chul-Han introdujo este cuestionamiento: ¿qué ocurre cuando el sujeto que se explota productivamente también experimenta que esa productividad carece de sentido último?

Para Cioran, el individuo descubre que el mundo no le ofrece necesariamente un sentido trascendente. En el capitalismo digital los algoritmos ofrecen respuestas a casi todo; éstos influyen en la subjetividad porque recomiendan, ordenan, seleccionan, indican qué mirar, qué comprar o con quién relacionarnos. Cuando desaparece el sentido trascendente, emerge el algoritmo como organizador cotidiano del sentido.

El «Soy» fue sustituido por la vitalidad del perfil en redes sociodigitales con métricas, seguidores, likes, visualizaciones, comentarios, ingresos o engagement. Ya no solamente sufrimos por no saber quiénes somos; ahora queremos saber cuánto valemos según determinadas métricas sin haber resuelto quiénes somos.

Nunca habíamos estado tan conectados y, simultáneamente, nunca había sido tan fácil convertir la soledad en un problema que debe ser inmediatamente anestesiado. Cioran reivindica con nihilismo que la experiencia de la soledad, el silencio y la introspección deben vivirse intensamente.

La digitalización de la subjetividad en el capitalismo contemporáneo es el resultado de la mala comprensión del vacío existencial. Cioran nos invitó a experimentar lo absurdo, el hastío y la falta de sentido para no ser reducidos a entes consumistas llenos de todo menos de autenticidad.

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