- La exposición continua y prolongada de los menores con los dispositivos electrónicos como celulares, tabletas, videojuegos y televisión limitan el tiempo a otras actividades
Cinthia Ruiz / Edén Gómez / Fotos: Erick Bustillos / Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
A partir del 3 de noviembre, las escuelas de educación básica restringirán el uso de celulares y otros dispositivos personales durante la jornada escolar, la medida pone un límite a estos aparatos dentro de las aulas; también, deja sobre la mesa una situación que ocurre fuera de ellas ¿Qué pasa con niñas, niños y adolescentes cuando las pantallas forman parte constante de su rutina?
El uso prolongado de celulares, tabletas, videojuegos y televisión no solamente puede quitar tiempo a otras actividades, también puede reflejarse en la forma en que los menores reaccionan cuando tienen que dejar un dispositivo, concentrarse en otra actividad o convivir con otras personas.
De acuerdo a una reciente encuesta realizada por el Inegi, el 85 por ciento de los niños, niñas y jóvenes en México son usuarios de internet; en cambio el grupo de 15 a 24 años superan el 97 por ciento, siendo este grupo poblacional el que más usa la red y los dispositivos. También, en esas cifras se detectó que infancias y jóvenes suman 90 días en total en el uso de aparatos tecnológicos.
Adicción a las
pantallas
Debido al uso prolongado de las pantallas entre niños, niñas y adolescentes, el neurólogo pediatra Norberto Vázquez López explicó que los dispositivos resultan especialmente atractivos para los menores por la cantidad de estímulos que reciben a través de colores, imágenes y cambios constantes. Esa estimulación puede hacer que otras actividades, que requieren más tiempo y concentración, les resulten menos atractivas.
La conducta puede ser una de las primeras señales, cuando llega el momento de apagar un videojuego, guardar una tableta o entregar el celular, algunos menores pueden reaccionar con enojo, llanto, resistencia o dificultad para desprenderse del aparato. Vázquez López señaló que sí se presentan problemas de conducta al establecer este tipo de límites.
Esto puede entenderse por la dinámica que generan las pantallas, a diferencia de actividades que requieren esperar para obtener un resultado, los dispositivos ofrecen estímulos y recompensas de manera inmediata. El menor pasa rápidamente de una imagen, juego o contenido a otro, por lo que dejar esa actividad puede representar un cambio brusco dentro de su rutina.
El problema no se limita al momento de retirar el dispositivo, cuando las pantallas ocupan una parte importante del tiempo que antes estaba destinado al juego y a la convivencia, también se reducen oportunidades para que los menores aprendan mediante la interacción con otros niños.
Vázquez López explicó que durante el juego los niños aprenden a respetar turnos, seguir reglas, imitar conductas y relacionarse con los demás. Son experiencias que requieren interacción directa y que forman parte de su desarrollo social.
A esto se suma la atención. Un menor acostumbrado a recibir estímulos constantes puede tener dificultades para permanecer concentrado durante actividades que requieren más tiempo, como una tarea, una lectura o una explicación escolar.
Afectaciones
pedagógicas por su uso
Para la psicoterapeuta infantil, Norma Meléndez, la tecnología no es dañina por sí misma. Lo importante es observar qué lugar está ocupando en la vida del menor y si comienza a interferir con otras actividades.
Cuando el uso de las pantallas empieza a desplazar el sueño, la alimentación, el juego o la convivencia, explicó, la situación adquiere otra dimensión, ya no se trata solamente de cuánto tiempo utiliza un celular o un videojuego, sino de los cambios que ese hábito está produciendo en su vida cotidiana.
Meléndez también señala que pueden presentarse dificultades para regular las emociones, además de ansiedad y estrés. En niñas, niños y adolescentes esto requiere especial atención porque se encuentran en una etapa de desarrollo emocional, social y cognitivo.
En los adolescentes, las redes sociales agregan otro elemento: la exposición constante a contenidos sobre otras personas puede favorecer la comparación y repercutir en la manera en que construyen su propia identidad y autoestima.
El descanso es otro punto relacionado con la conducta, cuando los menores utilizan dispositivos durante la noche y terminan durmiendo menos, al día siguiente pueden presentar cansancio, dificultades para concentrarse y cambios en la manera en que responden a las actividades escolares y cotidianas.
Por ello, establecer límites no consiste solamente en quitar el celular cuando el menor ya está utilizándolo. Los especialistas plantean que las reglas deben establecerse desde que se entrega el dispositivo, con horarios definidos y considerando todo el tiempo acumulado frente a celulares, videojuegos, televisión y tabletas.
También, es necesario que los adultos conozcan qué contenidos consumen los menores y observen sus cambios de conducta. Una reacción ocasional al dejar un videojuego no significa por sí misma que exista un problema, la atención debe centrarse en si las pantallas comienzan a desplazar de manera constante otras actividades o si existen cambios importantes en sus hábitos y emociones.
La restricción que entrará en las escuelas representa un límite durante la jornada escolar, pero no modifica por sí sola los hábitos que los estudiantes tienen el resto del día.
El reto también está en casa, donde los padres tienen un papel esencial para ayudar a sus hijos a construir una relación más equilibrada con la tecnología.
No solo basta con retirar un dispositivo, el acompañamiento de los padres implica establecer límites, mantener otras actividades dentro de la rutina y enseñar con el ejemplo que el celular o los videojuegos no tienen que ocupar todo el tiempo libre, no es eliminar la tecnología de la vida de niñas, niños y adolescentes. Se trata de que las pantallas ocupen un lugar dentro de sus actividades sin convertirse en el centro de su rutina ni desplazar el descanso, el juego, la convivencia y otras experiencias necesarias para su desarrollo.










