¿Se han preguntado qué pasaría si nadie muere?


LA ESQUINA ROTA

Francisco Félix Durán / Diario de Chiapas

Las Intermitencias de la Muerte, del escritor portugués José Saramago es uno de mis libros favoritos, nos permite filosofar sobre la necesidad de morir y sobre la moralidad política, además de darnos una clase magistral sobre la oferta y la demanda. ¿Se han preguntado alguna vez qué sucedería si en nuestro país las personas dejan de morir, pero en el resto del mundo la vida continúa siendo finita? 

“Al día siguiente no murió nadie”, así inicia y termina esta gran novela que se divide en dos partes, en la primera, en un país sin nombre la “muerte” ha abandonado su trabajo y en esa jurisdicción no fallece nadie, ni las personas de avanzada edad, tampoco los enfermos terminales y mucho menos los accidentados. 

En la segunda parte, la “muerte”, así en minúsculas como lo escribe el autor porque ella solo se encarga de un territorio y hay una Muerte que es la mera jefa, se enamora y sus emociones hacen que se identifique como mujer, entonces ella misma se pregunta si debe morir la persona que amas. 

En ese contexto, entra la clase que mencioné sobre la oferta y la demanda. El hecho de que nadie muriera llevó a la quiebra a varios negocios, uno de ellos fue la religión que al vender la idea de la resurrección y no existir la muerte perdió adeptos, como también lo hicieron las aseguradoras, las funerarias dejaron de ser parte de la demanda inelástica y el gobierno colapsó por el sistema sanitario y de pensiones.

Del mismo modo, aunque en un inicio todos celebraron que nadie falleciera, con el tiempo lo detestaron porque los dolores de la edad, la enfermedad o de los accidentes persistían; la absoluta y desesperada necesidad de morir generó la “maphia”, que en contubernio con el Estado llevaban a quienes ya no deseaban vivir al país vecino para bien morir por una buena suma de dinero.

Por otra parte, hablando de moralidad política, el pacto entre el Estado y la “maphia” fue una válvula de escape ante la crisis económica y social mencionadas. Recordemos que hay “muertes” en otras jurisdicciones y continúan operando, pero nunca olvidemos que otro país no quiere nuestros cuerpos muertos.

Es así como Saramago desnuda la hipocresía del poder, todos se hacen de la vista gorda cuando está de por medio la supervivencia económica, sin importar los riesgos diplomáticos en una actividad que el mismo gobierno apoya y patrocina como un proveedor de servicios bajo del agua. 

Ahora entendemos por qué Estados Unidos siempre está —según ellos — liberando países de dictadores e impulsando democracias, aunque una vez servidos con sus recursos los abandonen como hicieron con Afganistán y por qué el conflicto con México sobre el narcotráfico, el dinero generado por esta actividad no está llenando las arcas “correctas”, entre comillas como dice la chaviza.

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