El espíritu juarista en la Paridad de Género

Letras Desnudas

Mario Caballero

[email protected]

La política es representación, es decir, teatro, una puesta en escena. Por tanto, no puede darse el lujo de renunciar a los símbolos. Los necesita para conquistar aprobación, hacer comprensibles sus ideales y crear un discurso persuasivo. También para conseguir identidad.

Los presidentes impusieron a su personaje favorito de la historia como inspiración de su gobierno. Luis Echeverría tomó a Benito Juárez y a Lázaro Cárdenas, pero se quedó muy lejos de ellos. Miguel de la Madrid eligió a Morelos y hasta acogió para su relato gubernamental la frase de “moderar la opulencia y la indigencia”, y lo hizo en medio de una crisis económica de la que terminó lucrando.

Pero la política no vive sólo de símbolos porque también es acción, la acción conlleva decisiones y las decisiones tienen consecuencias… para bien o para mal. Por eso, la política empieza a contar cuando deja de seducir al pueblo y se hace responsable de las decisiones tomadas.

EDUARDO RAMÍREZ

Hace once años, tuve el placer de platicar con Eduardo Ramírez Aguilar, quien era presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado. Hablamos de su vocación por el servicio público, su encuentro con la política, su fervor a Dios, sus anhelos para Chiapas y, entre otras cosas, me confesó su adhesión al legado de Juárez.

“He leído su historia de vida, de su trabajo por la nación y, pues, considero que es lo que necesita México para superar los retos actuales. No sé si lograré responder como merece, pero haré todo a mi alcance por honrar sus ideales”, dijo. Ese es su símbolo.

Ser juarista es quizá una de las posturas políticamente más correctas que hayan surgido en nuestro país. Lo cual quiere decir que, en México, desde hace muchísimo tiempo tiene un lugar relevante y muy positivo en nuestra historia política.

Juárez fue un abogado aguerrido, defensor de la Constitución. Su comportamiento tanto como ciudadano y gobernante siempre se ajustó al texto fundamental. Incluso, en los momentos más álgidos y convulsos de su gobierno apegó sus decisiones en la Constitución de 1857. Como cuando solicitó la autorización del Congreso para suspender garantías, asumir facultades extraordinarias y celebrar tratados. El Derecho, la Ley y la Constitución fueron sus símbolos.

No fue extraño entonces que el llamado Benemérito de las Américas nunca haya dado un golpe de Estado o haya quebrantado las leyes. Se inclinó por respetar la constitucionalidad, los derechos civiles, la libertad de expresión, velar por el avance de la educación y proteger las instituciones. Con firme ideología liberal, logró lo que parecía imposible: separar la Iglesia del Estado.

Algunos historiadores lo han considerado como la cumbre de la política mexicana del siglo XIX. Afirman que Juárez encarna a un estadista: uno de los mejores hombres de leyes que ha parido nuestro país.

En toda su carrera política, que inició siendo muy joven, Eduardo Ramírez ha demostrado ser un hombre de leyes y un servidor público comprometido con los derechos de todos.

Por ejemplo, cuando fue secretario general de gobierno siempre dirimió los conflictos a través del diálogo y trató que los acuerdos alcanzados se ciñeran al marco legal.

Siendo diputado local hizo grandes esfuerzos por hacer de la Constitución chiapaneca un ordenamiento más humano, sensible y ad hoc a las necesidades de la ciudadanía, porque —igual que Juárez— cree que las leyes deben brindar justicia, equilibrar los derechos,

garantizar la igualdad y responder a las mayores demandas de la población, en un ambiente donde el pueblo mande y el gobierno obedezca.

La primera responsabilidad pública de Juárez fue a sus 25 años, como regidor en el Ayuntamiento de Oaxaca. La de Ramírez Aguilar fue a los 23, como síndico municipal, y a los 26 años lo nombraron alcalde interino de su natal Comitán de Domínguez.

Debido al buen sabor de boca que había dejado su interinato, en 2008 fue elegido como presidente municipal para un segundo periodo al frente de Comitán. A pesar de los obstáculos de la oposición y la falta de presupuesto, gobernó con alegría y con puertas abiertas. Limpió las finanzas, impulsó la inversión privada y mejoró la imagen urbana y le dio un empuje importante a la economía de la localidad.

El 1 de octubre de 2015, fue elegido presidente del Congreso local. Desde esa posición recorrió los 122 (hoy 124) municipios de Chiapas en una productiva agenda legislativa. Con su camioneta llegó a lugares donde ningún otro político catrín había llegado antes, donde realizó mesas de trabajo con empresarios, líderes sociales, políticos, artesanos, campesinos, obreros, estudiantes e indígenas, de los que recogió sus necesidades, demandas y planteamientos que sirvieron para promover reformas que transformaron nuestra Constitución en un pacto social del pueblo y para el pueblo.

En una gira por el municipio de La Trinitaria, un anciano con sombrero de palma, huaraches y la piel curtida por el sol, le dijo: “Gracias, hijo, por acordarte de nosotros”. Eduardo Ramírez había resuelto un fuerte conflicto agrario en la región que tenía varios lustros sin ser atendido.

PARIDAD DE GÉNERO

En el Senado de la República, donde fue presidente de La Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política, ERA realizó importantes contribuciones en materia de desarrollo regional, seguridad pública, salud, educación, impuestos y migración.

Considerando las necesidades de Chiapas, propuso reducir la tasa del IVA para toda la frontera sur, con tal de impulsar la economía local, la inversión y la generación de empleos. Fue de los pocos senadores que más se pronunció por el ordenamiento del tema migratorio, en hacer leyes de educación más justas para los niños y jóvenes y proteger la actividad artesanal.

También planteó incorporar los cuidados paliativos y la utilización de medicamentos controlados como parte del derecho a la salud y manifestó su interés en la disminución del financiamiento a los partidos políticos, con el fin de dar mayor solidez y eficacia a la política de austeridad de la 4T.

Muchas veces subió a la tribuna para exigir mayores recursos para el fomento al turismo, protección a las riquezas naturales de Chiapas y México, analizar el tema arancelario y revisar el beneficio de asignar un mayor presupuesto al rubro de la seguridad.

La visión de Juárez le permitió a nuestro país estabilidad social, fruto de normas jurídicas y sociales que forman la esencia del sistema legal mexicano. La visión de Eduardo Ramírez desde que se inició en la política ha buscado conquistar una sociedad más justa, más unida y con más oportunidades.

Por eso, no fue extraño que su administración impulsara la ley en materia de paridad de género que pretende acabar con la simulación, combatir la desigualdad histórica y garantizar la alternancia a través de gobiernos encabezados por mujeres en los municipios.

Eduardo Ramírez, con espíritu juarista, impulsó una reforma justa que, a la par de consolidar la democracia en el estado, resguarda y promueve los derechos político-electorales de las mujeres. Pero —como sabemos— ha sido impugnada. Por los beneficios que esta ley guarda, es importante defenderla. La defensa, sin embargo, no está en las calles, sino en argumentos jurídicos, el debate intelectual y en el entendimiento del propósito del Derecho.

Ojalá que los encargados de resolver este asunto lo entiendan.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *