El triunfo de la cultura y el rectorado que mueve las aguas

Letras Desnudas

Mario Caballero

Hay eventos que se limitan a cumplir con el calendario institucional y otros, muy contados, que logran sacudir las fibras más sensibles de una sociedad. Es el caso de la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de la UNACH.

Hay que decirlo con todas sus letras: sin los adornos del boletín oficial ni la complacencia de los aplaudidores de siempre, hacer cultura en Chiapas es un acto de absoluta rebeldía o, en el peor de los casos, un simulacro para la foto.

Lo que atestiguamos del 19 al 23 de octubre con la XIII Feria Internacional del Libro de la UNACH (FIL UNACH 2026) no fue la simulación acartonada a la que nos tenían acostumbrados las administraciones del pasado, caracterizadas por la simulación cultural y la precariedad presupuestal. Fue un verdadero manotazo sobre la mesa que demostró que cuando la academia se sacude la pereza burocrática, la sociedad responde.

LO QUE HACÍA FALTA

Para nadie es un secreto que Chiapas arrastra deudas históricas que duelen, como el fomento a la cultura, el rescate de las tradiciones y costumbres, la educación y, entre otras, el acceso a la lectura es una de las más lacerantes.

El análisis de esta feria, por lo tanto, no puede quedarse en la numeralia superficial.

El verdadero fondo del éxito de este magno evento radica en el golpe de timón político e institucional que viene desde la cabeza. El rector Oswaldo Chacón Rojas comprendió lo que sus antecesores ignoraron por soberbia o por simple miopía: que una universidad pública en el sur de México no puede seguir siendo un feudo cerrado, una institución de nivel superior limitada a nada más que expedir títulos profesionales.

Bajo su conducción —también hay que decirlo—, la rectoría asumió un compromiso incómodo para los sectores más conservadores, demostrando una visión y un talento organizativo que, les guste o no a los críticos más ácidos, ha descentralizado el conocimiento y ha puesto a vibrar a las regiones más olvidadas del estado.

Durante años denuncié en este mismo espacio el centralismo asfixiante de una feria que parecía exclusiva para las élites de Tuxtla Gutiérrez, mientras el resto del estado miraba de lejos. Esta vez, la estrategia de Chacón Rojas fue romper el molde. Llevar la FIL de manera simultánea a San Cristóbal de Las Casas, Tapachula y Comitán no fue un capricho logístico; fue una declaración de guerra contra el rezago cultural.

Al diversificar las sedes, la UNACH dejó de simular y comenzó a actuar, integrando a una comunidad universitaria históricamente fragmentada. Eso no es sólo gestión; es entender la geografía social de Chiapas. Es la demostración más clara de compromiso con la educación de los chiapanecos.

La respuesta de la masa estudiantil y del lector de a pie fue el termómetro más implacable. Las salas no se llenaron con el público acarreado de los eventos gubernamentales; se abarrotaron de jóvenes críticos, de estudiantes que cuestionaron, que exigieron y que devoraron la oferta literaria.

La presencia de España como país invitado de honor no quedó en un mero intercambio diplomático y discursos huecos; se convirtió en un puente real de debate donde los universitarios demostraron que el talento chiapaneco tiene la talla para medirse con el pensamiento global.

La población civil y estudiantil validó el proyecto porque percibió respeto a su inteligencia, un factor ausente en las ferias del ayer que se limitaban a saldos de librería y conferencias de relleno.

El impacto económico y social de este despliegue tampoco es un dato menor en un estado como Chiapas. Mientras el turismo convencional comienza a agarrar vuelo tras la falta de certezas de la administración anterior, la FIL UNACH coadyuvó de manera importante en la movilidad de la economía local. Pues en los cinco días de la feria hubo hoteles llenos, restaurantes dinámicos y comercios activos en las cuatro sedes, dando muestra de que la inversión en cultura, cuando se maneja con pulcritud y transparencia —dos monedas raras en el servicio público—, genera una derrama real que impacta directo en los bolsillos de los prestadores de servicios chiapanecos.

¿QUÉ HIZO MEJOR A ESTA EDICIÓN?

Sin duda alguna, el rigor.

Se nota la mano de una administración que no permitió el compadrazgo en la selección de ponentes. Vimos un programa robusto, donde convivieron las plumas más severas de la literatura contemporánea con el emergente y crudo talento local, obligando a los creadores de casa a elevar el nivel de exigencia.

Estuvieron Leonardo Padura, reconocido escritor cubano famoso en el mundo por su serie de novelas policiacas del detective Mario Conde y su aclamada obra El hombre que amaba a los perros; Adela Cortina, célebre filósofa española, ganadora del Premio Nacional de Ensayo de su país; David Toscana, escritor mexicano galardonado con el Premio Alfaguara de Novela.

También tuvo una participación destacada el polémico escritor Benito Taibo, quien es además un promotor incansable de la lectura entre los jóvenes mexicanos. Carlos Coello Coello, prestigioso chiapaneco integrante del Colegio Nacional, iluminó a las decenas de asistentes con su expertise en inteligencia artificial, un tema relevante en el mundo científico y académico actual.

Además de estas personalidades, el evento contó con creadores nacionales y locales como Adriana Ayala, César Gándara e Israel Holtzeilmer, y sirvió de marco para rendir un emotivo homenaje al gran poeta chiapaneco Jaime Sabines.

LA UNACH: EN MEJORES TIEMPOS

Los detractores de la actual gestión tendrán que tragarse sus palabras. Los números y el ambiente en las calles no mienten. Bajo el liderazgo de Oswaldo Chacón Rojas, la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas está viviendo una metamorfosis que la está catapultando a niveles superiores nunca antes vistos.

Si hasta hace poco nuestra máxima casa de estudios era noticia de las peores cosas, como bajo rendimiento educativo, estancamiento en infraestructura, luchas internas por el poder, corrupción en el ejercicio de los (escasos) recursos financieros con los que opera y hasta de grados académicos falsos de sus máximas autoridades; ahora la UNACH es una institución que camina con paso firme, crece en infraestructura cultural, se mejora en sus procesos académicos, se une en la diversidad de sus campus y promueve el talento de su comunidad.

En fin, con la exitosa FIL 2026, el rector Chacón Rojas ha enviado un mensaje contundente de madurez y liderazgo. Este es, no es con discursos triunfalistas sino con hechos tangibles con los que la universidad dejó de ser una institución aislada del acontecer del sur mexicano, donde la mediocridad dejó de ser tolerable en las aulas superiores de nuestro estado.

Hoy, la UNACH se erige con orgullo como una de las mejores universidades de la región y como un ejemplo de que en Chiapas, cuando hay voluntad, visión y un liderazgo comprometido, las cosas se hacen bien y en grande.

Enhorabuena a la UNACH y enhorabuena a Chiapas.

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