- Jorge Alejandro Sánchez Flores, cronista municipal de Tuxtla Gutiérrez, explicó que las celebraciones actuales conservan elementos de las tradiciones prehispánicas
Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas
Los altares de una sola mesa, las ofrendas preparadas en casa y los recorridos de niñas y niños por las calles para pedir “calabacita tía” forman parte de las tradiciones de Día de Muertos que han cambiado en Tuxtla Gutiérrez, donde actualmente, los altares de varios niveles, la entrega de dulces y la influencia de costumbres extranjeras forman parte de las transformaciones que observa el cronista municipal.
Jorge Alejandro Sánchez Flores, cronista municipal de Tuxtla Gutiérrez, explicó que las celebraciones actuales conservan elementos de las tradiciones prehispánicas y de las costumbres católicas que llegaron con los españoles, sin embargo, señaló que la forma de colocar las ofrendas y la manera en que las familias viven estas fechas han cambiado con el paso de las generaciones.
Recordó que anteriormente las familias zoques acostumbraban colocar una mesa en sus viviendas, cubierta con un mantel blanco, fotografías de sus difuntos, veladoras, flores y alimentos que les gustaban en vida. Entre las ofrendas también había dulces tradicionales, como los de garbanzo, y comida preparada en casa para recibir simbólicamente a las almas.
Ahora, explicó, es común encontrar altares de tres, siete o hasta nueve niveles, principalmente en concursos escolares y actividades culturales. Cada nivel representa distintos espacios, como el cielo, la tierra y el inframundo, aunque el cronista aclaró que el altar tradicional de Tuxtla era una mesa sencilla.
Otra de las costumbres que ha cambiado es la de pedir “calabacita tía” el primero de noviembre. Sánchez Flores recordó que, durante su infancia, niñas y niños recorrían las calles en grupos de amigos, con un bote y una piedra para hacer ruido, mientras las familias les ofrecían calabaza en dulce preparada en casa, frutas y, en ocasiones, tamales.
Actualmente, señaló que en muchos casos se entregan dulces y algunos menores salen acompañados de sus padres, además de incorporar disfraces y prácticas relacionadas con Halloween. Para el cronista, la transmisión de estas costumbres depende en buena medida de que las familias enseñen a las nuevas generaciones el origen y el significado de las tradiciones locales.
También recordó que los panteones eran espacios de convivencia familiar durante estas fechas. Según sus referencias históricas, en décadas pasadas algunas celebraciones incluían puestos de comida y juegos en los alrededores, mientras las familias acudían a llevar flores, compartir alimentos y recordar a sus seres queridos.
Sánchez Flores consideró que las tradiciones seguirán incorporando nuevos elementos conforme cambien la sociedad y la tecnología, pero sostuvo que es importante conservar el sentido de estas celebraciones: recordar a quienes murieron y transmitir a niñas, niños y jóvenes las costumbres que forman parte de la historia de Tuxtla Gutiérrez










