- Una familia que no cuenta con un plan contratado previamente y requiere un servicio de cuerpo presente con lote de panteón puede llegar a gastar aproximadamente 80 mil pesos en una emergencia. Este monto incluye la velación completa y el espacio en el panteón.
Marco Alvarado/ Edén Gómez/ Cinthia Ruiz/ Selene Álvarez/ Juan Toledo/ José Salazar/
Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
Fotografías: Erick Bustillos
Porque la vida es frágil, vivamos cada momento con plenitud, nos recuerda José Saramago en su libro Las intermitencias de la muerte.
Un segundo lo cambia todo. Como sucedió la mañana del sábado 17 de octubre, en el kilómetro 41 de la carretera Chiapa de Corzo-San Cristóbal de Las Casas.
Aquel día, Javier Alejandro Trejo Melchor, de 23 años, bombero de San Cristóbal de Las Casas, se encontraba en el lugar realizando labores de auxilio tras un accidente, cuando intempestivamente un tráiler con fallas mecánicas impactó el área donde él trabajaba para salvar a otras personas.
Desde niño, Javier soñaba con ser bombero, y así terminó su vida. Como lo recordaron durante su homenaje póstumo, servir a la población era su pasión y su convicción de vida.
No fue el único aquel sábado en que el destino marcó de manera trágica el final de otras vidas.
Como nos advierte el escritor portugués, la vida es impermanente. Un día despertamos temprano, con las prisas cotidianas, sin saber si por la tarde habremos resuelto la madeja de incertidumbres o si ese mismo día alguien estará llorando nuestra partida.
Como sucedió el lunes 19 de octubre, también muy temprano. Un hombre de aproximadamente 50 años abordó una unidad del transporte colectivo cerca de la Fiscalía General del estado. Durante el trayecto por el Libramiento Norte comenzó a sentirse mal.
Su tiempo de vida no dio para más. A unos cuatro kilómetros de donde había abordado el transporte, se desvaneció a causa de un paro cardíaco cuando la unidad circulaba sobre la Calzada al Sumidero.
Saramago y Jaime Sabines reflexionaron ampliamente sobre nuestra extraña condición de estar vivos por un tiempo. Ambos, desde sus respectivas obras, nos invitan a apreciar cada momento que tenemos en este mundo y a vivir plenamente antes de la cita inevitable.
Porque al camino de la inexistencia estamos llamados por igual: lo mismo un político al que hoy todos aplauden, un cantante famosísimo o alguien que guarda millones en varias cuentas bancarias. Nadie puede eludir esa cita y, de pronto, solo somos el recuerdo de quienes nos conocieron.
¿DE QUÉ NOS VAMOS?
¿Quién, si no Macario, reflexionó acertadamente sobre la muerte?
“Cuando nacemos ya tenemos nuestra muerte escondida en el hígado, o en el estómago, o acá, en el corazón, que algún día va a pararse”.
Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las principales causas de muerte entre la población chiapaneca son las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus y los tumores malignos.
Tan solo durante el primer trimestre de 2026 se contabilizaron mil 774 defunciones por enfermedades del corazón; mil 229 por diabetes mellitus y 900 por tumores malignos.
También aparecen las enfermedades del hígado, con 563 casos, y las enfermedades cerebrovasculares, con 288 defunciones.
A nivel nacional, entre las personas de 15 a 24 años, los accidentes ocuparon el primer lugar entre las causas de muerte, seguidos de los homicidios y los suicidios.
Las cifras confirman que nuestra existencia pende todos los días de hilos muy frágiles.
¿CUÁNTO CUESTA LA DESPEDIDA?
Y como la muerte es una parte más de la vida, un ciclo que se repite una y otra vez, también se ha convertido en parte de la economía.
Las familias enfrentan gastos que varían considerablemente dependiendo de si optan por un servicio de inhumación o por la cremación.
Así lo explicó Ana Sofía Trejo, directora de Mercadotecnia y Ventas de los servicios funerarios Jardines del Edén.
En el caso de las inhumaciones imprevistas, una familia que no cuenta con un plan contratado previamente y requiere un servicio de cuerpo presente con lote de panteón puede llegar a gastar aproximadamente 80 mil pesos en una emergencia. Este monto incluye la velación completa y el espacio en el panteón.
Por su parte, los precios de los ataúdes varían de acuerdo con sus características. Hay opciones económicas de siete u ocho mil pesos, mientras que las de gama superior pueden superar los 100 mil pesos. También existen alternativas de precios intermedios, de 10, 14, 20 y 30 mil pesos.
En cuanto a la cremación, el costo total ronda los 20 mil pesos.
“Hay quienes deciden quedarse en casa con la urna; eso ya les baja mucho gasto, digamos, en el momento”, explicó al referirse a la posibilidad de reducir costos al no requerir de inmediato un espacio físico para depositar las cenizas.
Asimismo, los lotes de panteón privado tienen precios a partir de los 16 mil pesos y continúan siendo solicitados por quienes mantienen la tradición de sepultar a sus familiares en cuerpo completo.
LÁPIDAS EN
NÚMEROS BAJOS
Bien le dijo la muerte a Macario: “Hay que tener consideraciones con los muertos, porque pasamos mucho más tiempo muertos que vivos”. Por eso, durante mucho tiempo, ha existido la costumbre de procurar una buena lápida.
Sin embargo, a pocos días de la celebración del Día de Muertos, la realidad para quienes se dedican a la elaboración de lápidas y cruces es poco alentadora. Los pedidos han registrado una caída de hasta 60 por ciento en comparación con años anteriores, lo que genera incertidumbre entre las familias que dependen económicamente de este oficio artesanal.
Roberto Jiménez, artesano del granito con décadas de experiencia, comparte su testimonio junto con el de sus hijos, quienes también se han incorporado al taller familiar con la intención de preservar la tradición.
Tradicionalmente, septiembre y octubre representaban la temporada de mayor actividad, un periodo en el que el taller trabajaba sin descanso. Hoy, el panorama es distinto.
En lugar de mesas de trabajo ocupadas por la alta demanda de entregas, los talleres se encuentran llenos de piezas terminadas que permanecen apiladas, a la espera de que algún cliente acuda a recogerlas o solicite un nuevo diseño.
Esta situación contrasta con la complejidad técnica y el desgaste físico que implica la elaboración de cada pieza.
No obstante, el problema va más allá de una mala temporada económica. Roberto Jiménez advierte que la crisis no solo afecta los ingresos y la subsistencia de las familias que dependen de este trabajo, sino que también pone en riesgo la continuidad del oficio.
Las nuevas generaciones muestran cada vez menos interés en aprender una labor que exige esfuerzo físico, tiempo y dedicación, lo que dificulta la transmisión de este conocimiento artesanal.
NOMÁS EL
RECUERDO QUEDA
Lo que hacemos con nuestra vida mientras estamos vivos es lo que realmente importa.
Sin embargo, como sucede con otros aspectos de la modernidad, la tradición de colocar altares y recordar a quienes ya partieron también enfrenta la presión social y el consumismo.
Se ha extendido la idea de que, mientras más grande o costosa sea una ofrenda, mayor es el amor hacia los seres queridos.
La tanatóloga Leslie Ninet Alvarado Nazar explicó que durante estas fechas los precios de productos como las flores suelen incrementarse y que una tradición con profundo significado espiritual y emocional puede quedar sujeta a las dinámicas comerciales.
Sin embargo, señaló que el valor espiritual y terapéutico de una ofrenda no depende de cuánto dinero se invierta. Encender una vela y colocar una fotografía puede tener el mismo significado que elaborar un altar ostentoso.
Advirtió que las redes sociales también influyen en esta percepción, al mostrar altares, ofrendas y ceremonias cada vez más elaboradas, lo que genera comparaciones y expectativas que pueden trasladarse incluso al momento de perder a un ser querido.
En esas circunstancias, algunas familias sienten la necesidad de realizar despedidas costosas para demostrar cuánto amaron a esa persona.
“En un tiempo de consumismo nos hacen creer que, si tiene más o es más caro, amas más, y eso es muy separado; no es el tamaño lo que da significado al amor”, expresó.
La especialista subrayó que, tanto en las celebraciones del Día de Muertos como en los servicios funerarios, las decisiones deben responder a los deseos y las posibilidades económicas de cada familia, sin permitir que la presión social determine cuánto deben gastar.
No obstante, destacó que los rituales funerarios son importantes para procesar emocionalmente la pérdida, pues permiten asimilar lo sucedido y recibir el acompañamiento y apoyo de familiares y personas cercanas.
Ante ello, consideró necesario hablar de la muerte en vida, expresar cómo se desea ser despedido y establecer acuerdos familiares sobre los rituales funerarios.
Cuando ocurre una pérdida, el impacto emocional puede dificultar la toma de decisiones y dejar en manos de otras personas determinaciones que quizá no correspondan a los deseos de quien falleció o de su familia.
Volvamos a esas intermitencias de las que nos habla Saramago y reflexionemos este día: ¿La muerte es solo un susurro en la noche, un destello en el horizonte que se desvanece al amanecer?










