• Mientras cientos de familias acudieron a los panteones, otros espacios permanecieron en silencio, con lápidas cubiertas de maleza, estructuras deterioradas y sin señales de haber recibido una visita en mucho tiempo.

Selene Álvarez / Diario de Chiapas

Mientras cientos de familias acudieron a los panteones de Tuxtla Gutiérrez para visitar a sus seres queridos durante las celebraciones del Día de Muertos, llevar flores, limpiar sus tumbas y compartir momentos de recuerdo, otros espacios permanecieron en silencio, con lápidas cubiertas de maleza, estructuras deterioradas y sin señales de haber recibido una visita en mucho tiempo.

Entre los pasillos se observaron dos realidades, las tumbas que se llenan de color con arreglos florales, veladoras, música y la presencia de familiares y por otro, aquellas que parecen haberse quedado suspendidas en el tiempo, sin flores, mantenimiento ni alguien que las recuerde públicamente.

En estos días los panteones tuxtlecos mostraron ambos contrastes, los cuales también forman parte del Día de Muertos, son espacios donde la memoria se mantiene viva para algunas familias, mientras que en otros rincones el abandono parece contar historias de personas cuyos familiares quizá ya no viven, se encuentran lejos o simplemente dejaron de acudir.

Más allá de la tradición y el ambiente que caracteriza estas fechas, las tumbas olvidadas invitan a reflexionar sobre la memoria, los vínculos familiares y la manera en que cada persona enfrenta la ausencia de quienes se adelantaron en el camino.

Es importante puntualizar que en los panteones no solamente hay flores, música y reuniones familiares; también hay historias que permanecen en silencio, bajo lápidas que ya casi nadie visita.

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