¿Y el recuerdo dónde quedó?

Carlos Castro/Las líneas del Colocho

Una vez más, los panteones se llenaron de visitantes durante las celebraciones del “Día de Muertos”. Flores, veladoras, música y recuerdos formaron parte de una tradición que nos invita a honrar a quienes se adelantaron en el camino. Sin embargo, detrás de esta bonita costumbre también quedó al descubierto una realidad que merece una buena llamada de atención.

Y es que mientras algunas familias llegaron puntuales para limpiar, adornar y llevar flores a las tumbas de sus seres queridos, otras parece que olvidaron que ahí descansan quienes alguna vez les dieron la vida, los cuidaron y hasta les consintieron todos sus caprichos. Hay tumbas que lucen abandonadas, sin una flor, sin una limpieza y, mucho menos, una visita. ¿Será que ya se les olvidó que también tuvieron abuelos y padres?

Pero eso no es todo. También están quienes confunden el panteón con una cantina. Llegan con bebidas alcohólicas, se instalan a consumir y convierten un espacio de recuerdo y respeto en una reunión de fiesta. 

Y si hablamos de comportamientos que dejan mucho que desear, no podemos pasar por alto a quienes, después de disfrutar de las celebraciones, dejan bolsas, envases y desperdicios tirados en las calles, sin tomarse la molestia de llevarlos al contenedor correspondiente. Al parecer, algunos creen que la limpieza es responsabilidad de los demás y que la ciudad tiene que recoger las consecuencias de su falta de educación.

El Día de Muertos no solamente es una tradición para tomarse fotografías, reunirse con amigos o disfrutar de unos días de descanso. Es una fecha para recordar nuestras raíces, honrar a quienes ya no están y demostrar que los valores y el respeto siguen presentes.

Porque las flores no hacen falta para demostrar amor, pero sí hace falta memoria, conciencia y educación. No esperemos a que llegue noviembre para acordarnos de quienes nos dieron tanto, ni dejemos que nuestra falta de cultura convierta nuestras calles en basureros.

A los que ya se fueron, se les honra con cariño; y a los que seguimos aquí, nos toca demostrar que todavía tenemos educación.

¡Al que le quede el saco!

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