La economía rebota, la inversión espera

Eduardo Ruiz-Healy

El INEGI difundió ayer tres datos que, vistos juntos, muestran cómo está la economía mexicana. El PIB creció 1.4% durante el segundo trimestre, la actividad económica retrocedió 0.1% en junio y la inflación anual aumentó a 3.26% durante la primera quincena de agosto. La economía mejoró, pero está lejos de crecer vigorosamente.

Entre abril y junio el PIB aumentó 1.4% respecto al trimestre anterior, después de contraerse 0.3% en los primeros tres meses del año. Es el mayor crecimiento trimestral desde principios de 2022: las actividades primarias avanzaron 2.4%; las secundarias, 1.6%; y las terciarias, 1.4%.

Pero los datos también muestran debilidades. Durante el primer semestre el PIB creció solamente 1.2% respecto al mismo periodo de 2025. Las actividades secundarias avanzaron apenas 0.1% y las manufacturas cayeron 1.1%.

El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de junio refuerza las dudas sobre la continuidad del rebote. La actividad disminuyó 0.1% respecto a mayo, las manufacturas 0.6% y el comercio minorista 1.3%. El trimestre fue bueno, pero terminó perdiendo impulso.

La inflación también presenta señales contradictorias. La general aumentó de 3.10% a 3.26% anual. Sigue dentro del rango establecido por Banxico, pero volvió a acelerarse. Más preocupante es la subyacente, que refleja mejor las presiones persistentes: fue de 3.93%. Los servicios aumentaron 4.34%; educación, 5.95%; restaurantes y alojamiento, 6.32%.

Esto explica por qué Banxico mantuvo su tasa en 6.50% y pospuso hasta finales de 2027 su previsión para que la inflación llegue al 3%. Mientras la subyacente permanezca cerca de 4%, apresurar nuevos recortes podría reavivar las presiones sobre los precios. Cuando estas cedan, mantener tasas innecesariamente altas frenaría inversión y consumo.

El gobierno tiene poco margen fiscal para impulsar el crecimiento mediante más gasto e infraestructura. Puede hacer más reduciendo trámites y obstáculos regulatorios, acelerando permisos y ofreciendo reglas claras y seguridad jurídica para facilitar la inversión privada sin aumentar el déficit. También puede abrir más proyectos de infraestructura al capital privado y garantizar que los contratos y las reglas acordadas se respeten.

Tampoco basta pedirle al sector privado que invierta. Las empresas difícilmente comprometerán capital de largo plazo mientras persistan la incertidumbre jurídica derivada de la reforma judicial, las dudas sobre disponibilidad de energía y agua y, sobre todo, sobre las condiciones que prevalecerán después de la revisión del T-MEC.

La baja productividad seguirá limitando el crecimiento y elevarla requiere más inversión en maquinaria, tecnología y capacitación. Sin mayor productividad tampoco podrán crecer sostenidamente los salarios reales. Con pocos recursos públicos y empresas que perciben riesgos elevados, lo inmediato es reducir la incertidumbre que sí puede controlarse.

México salió del bache del primer trimestre, pero un buen trimestre no cambia una tendencia de años. El 1.4% es una buena noticia; convertirlo en crecimiento sostenido será mucho más difícil. Para lograrlo no hacen falta discursos optimistas, sino condiciones que hagan menos riesgoso y más rentable invertir y producir en México.

Twitter: @ruizhealy

ruizhealytimes.com

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