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Yo la maté

LETRAS DESNUDAS
MARIO CABALLERO
YO LA MATÉ
No llegó. Le estuvieron llamando al celular toda la noche. Como nunca contestó las llamadas sus padres se desesperaron. Había salido temprano de la tarde. No sabían a donde. Tal vez a encontrarse con Omar Fernando Rosales Toledano, con quien había tenido una relación sentimental que duró ocho años hasta que se divorciaron porque él la golpeaba. Aun así seguían frecuentándose. Del fruto de aquel amor nació un niño que ahora debe estar por cumplir cinco años.
Viridians no volvió a su casa. La vieron salir el viernes 7 de junio de 2013. La vieron cruzar el umbral de la puerta con el bolso colgándole del brazo. Sus familiares la buscaron con sus amigas. Llamaron a todos los que pudieron haberla visto o con los que pudo haber estado. Hasta que encontraron a alguien que la vio con Omar Rosales en el bar El Tequilazo, en San Cristóbal de las Casas.
Llamaron al celular de Omar para saber si Viridians estaba aún con él, pero éste les contestó que sí había estado con ella los primeros minutos del sábado, pero que después de eso no sabía nada más.
Durante la madrugada del sábado, sus familiares marcaron el número de Viridians varias veces más y la única respuesta que obtenían era la de la mujer que les avisaba que la llamada estaba desviándose al buzón de voz. Pero en la mañana, el teléfono por fin sonó. Sonó y sonó, aunque nadie contestó del otro lado.
Al mediodía, Juan Carlos Flores Santiago recibió un mensaje del número de su hija. Supuestamente Viridians estaba secuestrada y pedían 300 mil pesos para su rescate. A las dos de la tarde del mismo sábado 8 de junio, llegó otro mensaje diciendo que las cosas habían salido mal y que se cancelaba el trato. De inmediato, el padre de la joven de 21 años de edad hizo la denuncia ante la Fiscalía Especializada Contra el Delito de Secuestro, perteneciente a la extinta Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas.
Las investigaciones iniciaron ese mismo día. El domingo por la mañana, los familiares y otras personas fueron llamados a declarar. Omar Rosales Toledano, originario de Tampico, Tamaulipas, llegó voluntariamente acompañado de los padres de la Viridians. Ahí confirmó a las autoridades lo que horas antes había dicho por teléfono sobre su ex esposa, que estuvo con ella tomando unos tragos en la madrugada del sábado, pero que después de eso se despidieron y cada uno tomó su camino por separado.
Además, aclaró que tenía acordada una cita el sábado a las once de la mañana con el padre de Viridians para ver a su hijo, pero que éste le llamó para decirle que no podría llegar porque su hija había sido secuestrada. Rosales terminó de declarar y se marchó, pues nunca estuvo detenido, no era ni siquiera sospechoso del delito de secuestro.
Los peritos de la Procuraduría siguieron el hilo de las declaraciones y averiguaron que Viridians Flores salió del bar el Tequilazo pero no sola. Omar Rosales Toledano iba con ella. Y que presumiblemente se fueron juntos al hotel El Buen Samaritano, que fue el último lugar donde la vieron.
En la madrugada del sábado, Omar y Viridians llegaron al hotel a bordo de una camioneta Nissan Xterra color gris oscuro, con placas DRF-8056. Ocuparon la habitación marcada con el número 23.
A las seis de la mañana, Omar Rosales llamó por teléfono a su amigo Rudy Norberto Nájera Flores. Le preguntó “si le podía hacer un paro”. Le contestaron que sí. Entonces le dijo que lo esperaría en 15 minutos en la Plaza San Ramón, en San Cristóbal de las Casas.
Rudy llegó al lugar en un Mitsubishi Eclipse color blanco, de vidrios polarizados, cofre negro y alerón en la cajuela del mismo color. Minutos después llegó Omar en su camioneta y le pidió que lo siguiera hasta el mercado conocido como Merposur. En ese lugar, Omar se estacionó y subió al coche de su amigo. “Vamos al Buen Samaritano. Estuve ahí con una vieja y tengo que regresar por unas cosas que olvidé”, le dijo.
Llegaron al hotel a las 06:45 de la mañana. Entraron a la habitación. En la pared y en el piso había manchas de sangre. También en la cama, que no tenía sábanas ni colchas. Omar recogió del buró un cargador de celular y le pidió a Rudy que fuera a la recepción y le pagara la cuenta de 120 pesos, donde le entregarían el teléfono Blackberry que dejó en garantía. Después de eso regresaron a Merposur por el vehículo de Omar Rosales.
Alrededor de las 07:50 de la mañana, se dirigieron hacia un terreno baldío ubicado en la calle Encino, sin número, en el Fraccionamiento Deportivo. Omar se bajó del auto y entre la hierba sacó a rastras una bolsa negra con un contenido abultado. La colocó en el asiento trasero de la camioneta. Le pidió a Rudy que se cambiara al puesto del piloto y que condujera rumbo al puente de San Cristóbal. Supuestamente, fue hasta ese momento que Nájera supo que Omar Rosales Toledano había matado a su ex esposa y que su cadáver iba dentro de esa bolsa.
Al llegar se estacionaron a un costado del puente, situado en la autopista Tuxtla-San Cristóbal. Entre los dos bajaron el cuerpo de Viridians y lo arrojaron al fondo del barranco que tiene una profundidad de 200 metros. Más tarde, como si nada hubiera sucedido, Omar llevó a Rudy al Instituto Universitario de Estudios México, donde estudiaba la licenciatura en Derecho.
Tres días más tarde, el 11 de junio de 2013, es capturado Rudy Norberto Nájera Flores por elementos de la Fiscalía antisecuestro. Lo llevan a declarar y narra los pormenores de su participación en el feminicidio de Viridians Flores. Les dijo a las autoridades que él sólo ayudó a trasladar el cuerpo y a arrojarlo del puente. Fue él quien señaló directamente a Omar Rosales Toledano como el autor intelectual y material del crimen.
Por la declaración de Nájera, el 12 de junio de 2013 elementos del Ministerio Público y peritos forenses rescataron el cuerpo de la joven. De acuerdo con la necropsia de ley, Viridians fue asesinada de 24 puñaladas. Las pruebas de presencia de sangre resultaron positivas tanto con las manchas de la habitación número 23 como con las del asiento trasero de la camioneta de Omar Fernando.
Al saberse incriminado, Rosales Toledano huyó. Decía trabajar como secretario particular del senador del PVEM Luis Armando Melgar Bravo, que al conocer lo ocurrido pidió al asesino que se entregara.
En un primer intento de arresto logró huir de las autoridades porque se dice que alguien le avisó. Finalmente, es detenido a las once de la mañana del 12 de junio en el cuarto 246 del hotel Costa Azul, en Tapachula, Chiapas. Se disponía atravesar la frontera y refugiarse en alguna ciudad de Guatemala.
Según el reporte ministerial, Omar intentó suicidarse cortándose el cuello.
¿Confiesas que tú asesinaste a Viridians Flores Ramírez? –le preguntan durante la declaración.
Sí, yo la maté –contestó.
FEMINICIDA EN LIBERTAD
“Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro”, escribió Kafka. Así como el perro se guía por sus instintos para proveerse de cariño, alimentación y cuidados, Omar Rosales ha logrado que alguien lo proteja y busque darle impunidad.
Desde su detención, el proceso del feminicida confeso ha estado plagado de irregularidades. Los padres de la víctima han venido señalando tráfico de influencias para que la sentencia condenatoria en su contra se haya alargado más de lo estrictamente necesario.
También acusan que hay autoridades que han querido negar las pruebas que lo incriminan y rehacer las investigaciones con el propósito de exculpar a Rosales Toledano. Como el juez Julio César Morales Ríos que en agosto de 2014 solicitó la reconstrucción de los hechos matando un cerdo en las mismas condiciones en que Viridians Flores fue asesinada. Evidentemente la intención del juez no era tener la firmeza de la culpabilidad de Rosales, sino encontrar un error para liberarlo.
Lo peor es que siendo un hombre peligroso para la sociedad, un asesino capaz de quitarle la vida a cualquiera con gran saña, el juez federal José del Carmen Constantino le concedió un amparo para que saliera libre, ya que dicen está delicado de salud.
De forma clandestina, fue puesto en libertad el 16 de agosto de 2017 para ser internado en un hospital privado de Tuxtla Gutiérrez.
Difícil de creer que Omar Rosales esté enfermo, más difícil todavía que su liberación sea producto del trabajo de sus abogados. Algo apesta en todo esto. Un supuesto tráfico de influencias. ¡Chao!
@_MarioCaballero

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