La metamorfosis de la Fiesta de Chiapa

•          Rendición de culto a San Sebastián Mártir, al Señor de Esquipulas y a San Antonio Abad, mantiene un profundo sentido religioso que da origen y significado a la Fiesta Grande

Marco Alvarado /Cinthia Ruiz / Ainer González / Karla García /Edén Gómez/ Fotos: Erick Bustillos / Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

La Fiesta Grande de Enero en Chiapa de Corzo juega un papel importante en la identidad de todo el estado. Sin embargo, tras el colorido de las máscaras y el sonido del tambor, crece una preocupación profunda entre los habitantes: la distorsión de su esencia religiosa y, particularmente la de la chuntá, y el riesgo que esto representa para su estatus de Pueblo Mágico.

Lo que hoy se percibe como un desfile de hombres con maquillaje recargado y vestidos de mujer, dista mucho de la raíz que dio vida a la tradición en el siglo XVII. Carlos Rafael Coutiño Camacho, habitante del municipio, advierte que la chuntá ha sufrido variaciones que hoy generan discrepancias entre las familias locales.

“En sus orígenes, la chuntá no eran hombres maquillados. Eran mujeres que repartían dulces y frutas”, explica Coutiño Camacho.

Aunque los hombres comenzaron a integrarse a la danza con pequeñas máscaras, el giro radical ocurrió en la década de 1970.

Desde entonces se incorporaron elementos ajenos: el uso del maquillaje excesivo, el traje de chiapaneca portado por varones y, de manera más preocupante en años recientes, un vínculo estrecho con el consumo desmedido de alcohol.

¿Corre peligro como Pueblo mágico?

Esta metamorfosis no es un tema menor. Para un municipio que ostenta el título de Pueblo Mágico desde 2012, la preservación de la autenticidad es un requisito de permanencia ante la Secretaría de Turismo (SECTUR).

Según el marco legal del programa, si las tradiciones se comercializan en exceso o pierden su esencia religiosa y costumbrista, el nombramiento corre peligro.

La preocupación de habitantes como Coutiño Camacho radica en que los excesos están “agraviando el marco costumbrista” de figuras centrales como el Parachico, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y las ofrendas de las enramas.

La conservación de Chiapa de Corzo no sólo se libra en las calles durante la danza, sino también en sus muros. La Fuente Mudéjar, joya del siglo XVI y símbolo máximo del pueblo, exige un mantenimiento riguroso que evite cualquier alteración a su estilo morisco.

Del mismo modo, el Exconvento de Santo Domingo y el Templo de San Sebastián fungen como pilares de una estética colonial que debe protegerse frente al avance de construcciones modernas que amenazan con romper la armonía visual del centro histórico.

La identidad de Chiapa de Corzo terminó por modelar la de todo Chiapas; sus colores y su mística son hoy símbolos internacionales. Por ello, la comunidad se enfrenta al reto de equilibrar la algarabía propia de la fiesta con el respeto al sentido de la misma.

Sentada en la Casa de las Chiapanecas, rodeada de colores, bordados y memoria

Esmeralda Barrientos, presidente del grupo de Chiapanecas 14 de enero, recuerda cómo en 2014 un pequeño grupo de amigas y comadres decidió organizarse no solo para bailar, sino para devolverle a La Chiapaneca el lugar que merecía dentro de la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo.

Hasta entonces, explica, cómo las chiapanecas participaban de manera dispersa. No había un día dedicado a ellas ni un recorrido propio. Fue así como el 14 de enero se convirtió en una fecha clave, el Día de la Chiapaneca, unido a la tradicional felicitación a San Sebastián Mártir.

Más que una celebración estética, el objetivo ha sido claro desde el inicio: respeto. Respeto al traje, a la tradición y al sentido religioso de la fiesta. “No es disfraz, es identidad”, insiste al hablar del vestido, el tocado y los toles que hoy se portan con orgullo.

Con el paso de los años, el impacto ha ido más allá de lo cultural. El trabajo de bordadoras, artesanas de tocados y productores locales se ha fortalecido, elevando la calidad del traje y generando un mayor consumo de productos tradicionales.

La organización del festejo no se limita a enero. Durante todo el año, el grupo trabaja con rifas, vendimias y manualidades para costear marimbas, comida y logística, con el respaldo fundamental de los esposos, quienes participan como custodios.

Este 14 de enero, la celebración comenzará al mediodía con el rosario, continuará con alabanzas, comida tradicional y baile, para culminar rumbo a la felicitación a San Sebastián.

Una fiesta que hoy convoca a mujeres de Chiapas, de México y del extranjero, unidas por el mismo lenguaje, la alegría, la fe y el orgullo de ser chiapaneca.

Sin embargo, este crecimiento no fue inmediato ni sencillo. En los primeros años, las reuniones se realizaban en la capilla de Acapetahua, en el callejón, gracias al respaldo solidario de la familia Barrientos, a quienes las chiapanecas reconocen como parte fundamental de sus inicios. Conforme el grupo fue aumentando, el espacio comenzó a ser insuficiente.

Fue en ese proceso de crecimiento cuando surgió una inquietud compartida entre las integrantes, contar con un espacio propio que identificara al grupo y funcionara como punto de encuentro. Con el apoyo de un patrocinador, ese anhelo se materializó en la Casa de las Chiapanecas, un lugar que hoy no solo marca el inicio del recorrido del 14 de enero, sino que permanece activo durante todo el año como centro de organización, aprendizaje y preservación cultural. En este espacio se imparten talleres de bordado, elaboración de toles, cursos de tambor con el patrón de los parachicos y encuentros con investigadoras que han documentado la evolución del traje tradicional.

La Casa de las Chiapanecas se ha convertido así en un símbolo de identidad y resistencia cultural, un sitio creado para promover y fortalecer las tradiciones de Chiapa de Corzo. Desde ahí, cada 14 de enero, mujeres de distintas generaciones se reúnen para rendir homenaje a San Sebastián Mártir, al Señor de Esquipulas y a San Antonio Abad, recordando que esta celebración, además de festiva, mantiene un profundo sentido religioso que da origen y significado a la Fiesta Grande.

Las chuntás, alegría nocturna de la Fiesta Grande

Chuntá significa “criada” o “sirvienta”, que hacen referencia a las mujeres que acompañaban a María de Angulo, una mujer española que llegó a la comunidad de Chiapa de Corzo y ayudó a la población durante una hambruna y eran las “sirvientas” quienes repartía alimentos a los habitantes.

En honor a las “sirvientas” los hombres de la comunidad las representan saliendo vestidos de mujer, con ropa tradicional que consiste en blusa blanca de cuello ojal y vuelo, y falda floreada con ruedo.

También, forma parte de la vestimenta de chuntá, un chin-chin, que es una sonaja de laca, madera o metal con flores pintadas, más pequeño del que porta el parachico, así como un tocado en la cabeza de banderillas de papel de diferentes colores sobre una canasta y collares de colores.

Bailes, recorrido y respeto

En los 16 días de la Fiesta Grande, al igual que “Las chiapanecas” y “Los parachicos”, las chuntás” también tienen sus fechas específicas en las calles para bailar. Estos recorridos y rutas se reparten entre las diversas pandillas de chuntás que existen.

Rubén Darío Díaz Noriega, representante de la pandilla de chuntás de la tía Tey, explicó en el ambiente de la Fiesta Grande, las chuntás representan la alegría y la “arrechura”, que significa coquetería y vitalidad que se muestra durante el recorrido en las calles, invitando a la gente a celebrar.

“La chuntás son los sirvientes de María de Angulo. y le damos alegría al pueblo. El parachico es un acto solemne junto con las chiapanecas, que es en la mañana, las chuntas son en la noche, es la algarabía y toda la arrechura de la Fiesta Grande de Enero”, dijo.

Polémicas

Resaltó que la salida de “las chuntás” a las calles es con respeto, pero más abierto, esto en respuesta a la participación de la comunidad LGBT, la cual ha sido tema de polémica tanto entre los propios chiapacorceños como de quienes no los son.

“El grupo de mi mamá, que es la pandilla de la Tey, es el primer grupo que dio albergue a la comunidad LGBT hace muchos años. Te puedo decir que ya van con un respeto bastante amplio. Lo único que sí te diría es que hay grupos de personas que llegan y empiezan a gritar palabras bastante fuertes. En el grupo de nosotros tratamos de no decir esas cosas. Incluso aunque sean de la comunidad, no dicen eso. Hay un respeto hacia las personas”.

Familia Solís Castro cumple promesa como priostes de San Sebastián Mártir

Gustavo Alberto Solís Castro, el menor de los cuatro hermanos que integran la familia prioste de San Sebastián Mártir 2025-2026, explicó que el cargo representó un compromiso ligado a la historia familiar y a una promesa construida desde años atrás.

“La importancia radica en nuestra historia familiar; estamos muy contentos y conmovidos porque esperamos mucho para este momento”, señaló.

Señaló que la espera para recibir al santo fue de 16 años, periodo que se ajusta conforme avanzan o se retiran familias dentro de la lista tradicional. El registro, detalló, se realiza con la persona encargada de la relación de espera, actualmente es la doctora Susana Ríos Pascasio, a quien se acude de manera directa.

“Esperamos 16 años para recibir a San Sebastián; al inicio eran 18, pero con el tiempo la espera se va moviendo”, explicó.

Indicó que el año como priostes fortaleció la unión familiar y mantuvo vigente un compromiso heredado de sus padres. El resguardo de la imagen en casa, explicó, se asumió como un acto de servicio y como parte de la vida comunitaria del barrio.

Las actividades iniciaron el 23 de cada mes con la recepción del santo, la llegada de visitantes, el ofrecimiento de tamales y café, así como un baile de bienvenida. A partir de esa fecha, los días 19 y 20 se desarrollaron las actividades principales.

El día 19 se realizó el cambio de toalla y vestimenta de la imagen, así como la coronación nocturna, acompañada por serenatas a cargo del patrón de los parachicos y de los floreros. Al día siguiente, el 20, las actividades comenzaron desde temprana hora con mañanitas, solicitudes, rezos, entrada de flores y piñatas, además de la celebración eucarística, cuyo horario se definió de acuerdo con la parroquia.

Al cierre de cada jornada se ofreció un baile nocturno, dinámica que se mantuvo de manera constante durante todo el año. A ello se sumó la participación de la familia en festividades de otras imágenes, anuncios de barrio, enramas y celebraciones en distintas ermitas del municipio.

“Ser prioste también implica un cumplimiento social, cultural y religioso; por eso participamos en distintas festividades del pueblo”, indicó.

Solís Castro detalló que el grupo de apoyo se conformó por alrededor de 65 personas, entre hombres y mujeres que colaboraron en la decoración, preparación de bebidas, organización de actividades y acompañamiento musical, incluidos grupos tradicionales de tamboreros.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *