Jorge Éver González Domínguez
Chiapa de Corzo, Chiapas
Según cuenta la leyenda, el baile de los Parachicos surgió debido a que una mujer de rasgos españoles llamada María de Angulo, que buscaba la cura para su hijo enfermo, luego de visitar a médicos y curanderos no la consiguió. Entonces se decidió visitar Chiapa, ya que alguien le dijo que aquí encontraría la anhelada cura para su hijo.
En tierras de los Soctones, su hijo por fin encontró alivio y cura. Pero la mujer cayó en la cuenta de que al pueblo donde había llegado, la gente era muy humilde y trató de compensar su ayuda repartiendo comida y víveres. Esto causó mucha alegría entre los habitantes, que bailaron alrededor del niño; para no asustarlo y parecer como “blancos” ante los ojos del niño, se disfrazaron y pintaron.
También se cuenta que por las tardes, las sirvientas y sirvientes bailaban y danzaban para la diversión de los niños en recuerdo al hijo de doña María de Angulo, de allí el origen de la palabra “Parachico”: para diversión de los chicos.
Inspirados en esta leyenda, algunos hombres comenzaron a representar esas escenas de la historia, poniéndose una montera y alguna máscara, con sus trajes de manta, hasta llegar a la actualidad, donde se revisten en el humo de un ritual, poniéndose una máscara de madera, montera de ixtle, chalinas, ropa negra, botines, vistosos listones de colores y por último, el sarape.
Para ser Parachico, en la actualidad se deben respetar las leyes no escritas de la multitud y respetar al Patrón, que es elegido Monárquicamente y de manera vitalicia.
La máscara del Patrón tiene una expresión severa, es única y nadie puede tener una réplica y utilizarla, lleva una guitarra y un látigo, además toca la flauta durante sus recorridos por las calles acompañado de dos tamborileros.
En el tumbo del tiempo, esta historia se entrelaza con las letras de los historiadores, biógrafos, cronistas, escritores y del libro de la enseñanza popular no escrita.
El primer Patrón de los Parachicos, el que guiaba a los inquietos danzantes, fue don Úrsulo Hernández Pola.
Luego fue don Atilano Nigenda Mendoza, que en otros tiempos fungía como ‘patrón menor’ al par de don Úrsulo.
El señor Arsenio Nigenda Tahua -hijo de don Atilano- recibe el mando como Patrón de los Parachicos en 1968 y durante un tiempo aproximado de 31 años sin interrupción, fue el tercer Patrón de los Parachicos.
Al declinar Nereo, designan a Rubisel Guadalupe Gómez Nigenda, quien a partir este momento se convierte en el nuevo Patrón de los Parachicos.
Fue así que el cuarto Patrón de los Parachicos comienza a bailar y llevar la tradición en su tambor y carrizo, en un sincretismo religioso que rompe las paredes del tiempo y de la historia.










