Opinion
¡prácticas y servicio social!
1.- Debe revisarse el control y seguimiento del desempeño de los estudiantes en prácticas y servicio social.
2.- Autoridades de salud, universitarias y padres de familia deben asumir la responsabilidad de los jóvenes estudiantes y pasantes.
3.- Debe crearse una red social de pasantes de enfermería y de medicina.
Jorge Enrique Hernández Aguilar
La muerte de Mariana Sánchez Dávalos, pasante de la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chiapas, en la comunidad de Nueva Palestina, municipio de Ocosingo, ha permitido que salgan a flote una serie de situaciones vinculadas con las prácticas clínicas y el servicio social de la Licenciatura en medicina.
Primeramente, es fundamental que se revisen las políticas públicas del sector salud, en el ámbito de la formación de trabajadores para la salud, que en estos momentos están más inclinadas a favorecer la formación de enfermeros y médicos del ámbito particular, que la formación del recurso humano en las escuelas públicas.
En Chiapas en la última década se han liberado decenas de autorizaciones para abrir escuelas de enfermería y aunque en un menor número, escuelas de medicina.
Esto implica que los estudiantes de las escuelas públicas son asignados en las comunidades más alejadas, y en algunos casos hasta se les restringen las becas, mientras los estudiantes y pasantes de escuelas privadas son enviados a los centros hospitalarios del centro de la capital.
Sin embargo, esto no es lo grave. Lo preocupante es la falta de interés de los cuerpos académicos, y directivos por dar seguimiento y control a los estudiantes en las prácticas clínicas, y a los pasantes en el servicio social.
Simplemente los envían a los centros hospitalarios, sin que se tengan noticias de lo que hacen o no en los servicios. Para el servicio social basta con las asignaciones y ni siquiera les dan las bendiciones cuando se van.
De Mariana se saben muchas cosas después de su muerte, pero no hay un seguimiento puntual, mes con mes de sus actividades y desempeño. Menos hay una bitácora en la que se registren los hechos que se dice sucedieron hace dos meses.
Donde están las versiones, que deberían de tener los cuerpos académicos que seguramente los hubieran obligado a “proteger a Mariana”, para evitar que llegara hasta la tragedia de la muerte.
En su oportunidad apoyarla en su denuncia, de ser necesario cambiarla de asignación y en el extremo retirarla a ella y a sus compañeras del servicio social.
¿Quiénes están en los mejores servicios? Los que pueden pagar su estancia en los grandes centros hospitalarios.
Los que no pueden pagar, son los que están siendo reubicados a los centros de salud. Hasta estos centros llegan los que tienen la vocación de servicio, porque de aprender poco se puede decir.
Ahora que los hechos los han rebasado, se comienzan a conocer las condenas y las lamentaciones de las autoridades de salud y hasta de las autoridades universitarias, cuando en su oportunidad desde el principio, tenían que estar atentos de la distribución y del desempeño de sus estudiantes.
¿Qué explicaciones podría dar el departamento de prácticas y servicios social? Ninguna, ya que nunca se han ido a parar, ni siquiera por curiosidad a los centros de trabajo agrícola.
Debe revisarse la política pública de prácticas y servicio social, así como la estrategia de seguimiento y control de estudiantes y pasantes.
A las comunidades debe importarles, la seguridad de los estudiantes y pasantes de enfermería y medicina, porque son los pocos o los únicos que aceptan instalarse en las comunidades.
En la estructuración de las políticas públicas, debe incluirse la preferencia de trato a los estudiantes y egresados de escuelas públicas, para garantizar la formación del personal que requiere la nación.
La muerte de Mariana debe servir para que las autoridades de salud y las universitarias se sienten a dialogar y tomen acuerdos para garantizar las asignaciones, las becas, el buen desempeño y que se cumpla el aprendizaje en materia de competencias.
Importante generar un sistema de comunicación efectivo, que permita seguir el día a día, lo que sucede en las prácticas y en el servicio social. Que los padres de familia, los familiares tengan la comunicación efectiva, para que las autoridades sepan a quienes recurrir en el caso de problemas, y los familiares tengan acceso a las autoridades de la enseñanza en salud de la secretaría de salud.
Que, sobre todo que las mujeres conozcan de aquellas conductas que impropias, de acoso, hostigamiento o abuso, deban ser denunciados inmediatamente, para romper los miedos y temores.
Deben aprender a cuidarse en lo personal y como equipos, para evitar desgracias mayores.
En fin, deben revisarse las políticas y las estrategias en materia de formación de trabajadores de la salud, en total corresponsabilidad entre secretaría de salud, escuela o universidad de formación y padres de familia, así como las autoridades comunitarias y municipales, que deben cuidar de aquellos recursos humamos como las enfermeras y médicos, que llegan hasta estos lugares para defender el derecho a la vida y la atención de la salud de las personas.
Esto debe hacerse en memoria de Mariana: la construcción de una red de pasantes de medicina de la facultad de medicina de la UNACH, y la celebración del primer congreso estatal de pasantes de medicina, para valorar estos grandes temas que permitan sentar las bases de las futuras prácticas y del servicio social.









