Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas lcalderó[email protected]
La capacidad de influencia en los jóvenes de la figura de receptor modelo juvenil es, desde el punto de vista de la arquitectura enunciativa, mayor que respecto al resto de los grupos sociales y, en consecuencia, la gestión de su carácter y la psiquis de estos por parte de la cultura de masas, es más decisiva. Es, por tanto, esta clase de carácter juvenil mediatizado, el que indica desde un punto de vista general el carácter funcional con respecto al sistema. Es lo que les hace experimentar el deseo de actuar, en la forma en la que deben actuar como miembros de la sociedad o de una clase especial dentro de ella; tienen que desear lo que objetivamente se espera que hagan, así la fuerza externa queda reemplazada por la convulsión interna y, por esa energía humana, se van configurando los rasgos caracterológicos de la clase; es decir, de lo que significa en todos los sentidos, el ser joven.
La cuestión juvenil cultural del sistema mediático, construye así un receptor modelo que presenta los rasgos más singulares de los jóvenes: gusto por las novedades, búsqueda de identidad, vitalidad, tendencia a la solidaridad con los pares, etc., y han sido los mismos jóvenes el objetivo privilegiado de la enunciación mediática contemporánea.
Esa apropiación mediática, está constituida en primer lugar, porque las figuras y los perfiles juveniles se presentan como la horma obligada a la que cualquier receptor de los medios masivos tiene que adaptarse; modelo ideal hacia el cual dirigir los proyectos vitales y mito omnipresente al que hay que reverenciar. También, este universo de valor ha revertido directamente en la juventud y ha singularizado su relación con el universo mediático, es decir: mientras que los demás grupos de edad se hallan pobremente representados en los medios, los jóvenes están, por el contrario, sobre-representados hasta el exceso. De aquí que mientras el resto de los grupos puede experimentar ante el receptor modelo presentado por los medios un cierto sentimiento de alteridad y extrañamiento, los jóvenes tienden, en cambio, a identificarse y proyectarse en ellos. Por tanto, si el modelo de joven es para el resto de la población un operativo de aspiración, para los mismos jóvenes es, sobre todo y en general, de identificación.
Pero, ¿por qué la cultura mediática procede a imponer dicho fenómeno? Simple: dada la correspondencia formal entre los valores que son funcionales a la sociedad de consumo y aquellos otros que resultan acordes con el particular estatuto de los jóvenes, especialmente de los adolescentes en el sistema social.










