Karla Gómez
Diario de Chiapas
Hace 75 años se realizó el descubrimiento de las pinturas de Bonampak, el cual se convirtió en un suceso histórico que tuvo un alcance relevante.
A través de una charla, el Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura (ITAC), organizó un evento que recordó este momento en donde fue protagonista el arqueólogo Carlos Frey.
Desde la fan page de Tuxtla Cultural, el cronista Marco Antonio Orozco Zuarth consideró que, en 1946, los murales de Bonampak dieron luz al conocimiento de la cultura maya, donde se ven escenas importantes, como el reflejo de la vocación artística de los antiguos pobladores.
Asimismo, dijo que reflejan parte de la cultura de los mayas, como en la escena de los músicos, donde están en un festejo y se logra ver los instrumentos musicales que utilizaban.
Este hecho abrió la posibilidad para tener un reconocimiento y el fin del proceso del descubrimiento de Bonampak.
Debido a ello, en esta plataforma digital, Carlos Frey Solís recordó a su padre, quien nació en noviembre de 1916 en Chicago y de acuerdo a lo que comentó, fue guía de turistas en Estados Unidos.
“Fue una persona virtuosa, ingeniosa para poder llevar a personas a otros lugares”.
Asimismo, informó que en 1940 se traslada a la Ciudad de México, posteriormente llegó a las ruinas de Teotihuacán, depués a Oaxaca en Monte Albán, luego en la zona istmo de Tehuantepec, donde conoce una paisana.
Por otro lado, reseña que el aventurero trabajó en la construcción de los rieles de ferrocarril que iban a Tapachula.
“Luego, le recomendaron que viajara a Chiapas. Y por tanto, se va de Reforma Oaxaca a Cintalapa. Ya en Cintalapa le comentaron que en la Zona del Río La Venta había una ruina de los zoques. De Cintalapa se va a Tuxtla Gutiérrez, en donde se entera que en la Casa de la Cultura (El Ateneo), llegaron arqueólogos que comentaban que en la zona de la Selva, había una ciudad perdida maya”.
En dicha descripción, apuntó que Frey se trasladó de Tuxtla a Ocosingo, recorrido que duró cinco días caminando.
Platicó con José Ardínez y Alfredo Espinosa, quienes trabajaron en la montería. Ellos le comentaron que había vestigios arqueológicos en esa zona.
“Frey, se trasladó a la zona de los lacandones, quienes vivían cerca de Ocosingo. Y empezó a explorar, a buscar esa ciudad perdida en el corazón de la selva, que con su entusiasmo va a hallar”.










