¡A volar papelotes en la Lomita!

Presentamos fragmentos de esta interesante crónica, escrita por

Gumasat

La Lomita es un pequeño cerro ubicado en la zona sur poniente de Tuxtla, junto a la actual colonia del ISSSTE; su nombre se debe a que es una pequeña loma. Lo más interesante de La Lomita era que se trataba de una zona plana y alta, y por esta característica era ideal para volar papelotes*.

Íbamos con la familia por las tardes a volar papelotes, y la más larga satisfacción era que nosotros mismos los fabricábamos. Su estructura es muy sencilla, consta de una cruz de carrizo delgado, llamado pituti, que se compraba en las tiendas de piñatas o con los indígenas en las florerías que están enfrente del mercado público “20 de Noviembre”. Aún hoy podemos conseguir el pituti en las tiendas de piñatas.

El pituti se cortaba a la mitad longitudinalmente, y la parte plana debía quedar hacia adentro; la parte redonda quedaba hacia fuera, en contacto con el papel. La forma más común y sencilla de fabricar un papelote es un rombo; se amarraba la cruz con hilo de cáñamo y se unían las puntas exteriores con el mismo hilo. Mientras más lados tuviera el papelote, más difícil era de fabricar; pues el chiste es amarrar en el centro los palitos que le dan forma y después unir las puntas de los palitos o pitutis con el hilo; éste debe quedar tenso para soportar el papel que lo cubrirá.

Se utilizaba papel de china, aunque era un poco resistente pero muy vistoso; en cambio, si utilizábamos papel periódico, su aspecto era menos bonito pero era mucho más resistente. El papel se pegaba con engrudo o con pegamento blanco. El papel se cortaba un poco mayor que el tamaño del papelote, para permitir doblar las puntas del papel y pegarlo sobre los hilos tensados.

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Todo el año era posible volar papelotes, pero la mejor época era obviamente el otoño, cuando los vientos son más fuertes; comenzábamos a volar los papelotes a eso de las 5:00 de la tarde y nos retirábamos cuando casi ya no había sol o cuando llovía, lo cual era muy frecuente en otoño. En La Lomita corría viento fuerte y sostenido; los hilos muy delgados se rompían. La tradición de los papelotes unía a toda la familia, pues veíamos volando papelotes a los papás, a las niñas con sus modelos rosados y a los niños con sus modelos hechos de periódico.

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Lo malo era cuando los hilos de 2 papelotes se enredaban, pues era prácticamente imposible separarlos. Estas historias son de los años 60 y 70; recuerdo que el papelote más grande y vistoso era el del Café Simall, el cual era un rombo de más de 1.80 metros en su lado más largo. Era verde porque ese era el color de la tienda de café; varias veces intenté pintar mis papelotes hechos de periódicos, pero la pintura seca es muy pesada y no se elevaban.

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Nota: En Tuxtla Gutiérrez, como en otros municipios de Chiapas, se le llamaba papelote; actualmente se le conoce como papalote.

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