Desde mi Trinchera
Diego Victorio
Chiapas, en manos del presidenciable
Intuyo que un ala de Morena, está leyendo erróneamente la liturgia sucesoria, de 2024.
No obstante, lo precipitado, pintan un escenario sumamente sesgado para atraer a incautos.
En política no se puede soslayar las reglas no escritas y, en cuestión electoral, son estas las que acaparan un primer plano, en ellas se centran las decisiones de gran calado.
Apelando a ese renglón, nunca, por estrategia, sentido común, costumbre o cultura, si usted quiere, nunca se ha designado un candidato a gobernador, con tanto tiempo de antelación, tres años.
En los anales de la historia chiapaneca está inscrito que el candidato a gobernador, que a la sazón se inviste de Jefe del Ejecutivo aldeano, es definido posterior al ungimiento del aspirante presidenciable, al de la línea, claro.
Incluso, en los últimos dieciocho años, cuatro elecciones estatales, es el candidato a la presidencia el que influye o toma la decisión, ni si quiera el Presidente de México en funciones.
La tendenciosa hipótesis de que Morena ya eligió a su candidato a gobernador en Chiapas y que este es el próximo “Gober”, es simplemente un chascarrillo que, increíblemente se ha masificado.
Esgrimir con tal seriedad esa broma es tácitamente una falta de respeto a las tribus pensantes del vino tinto e, incluso, yendo más allá al titular del Ejecutivo que, en diciembre, cumplirá apenas la mitad de su mandato.
A quienes manipulan con la narrativa -de mal gusto- de que la cúpula guinda ya se decantó por un personaje específico, polariza, encona el ambiente y vacía más pólvora en un terreno de por sí irritado por los comicios intermedios.
Los nombres de los actores de la sucesión presidencial como la de la gubernatura chiapaneca se definirá, como marcan los cánones, en diciembre de 2023 o, incluso, en los primeros meses de 2024.
Es un tema de coyunturas, no de emociones, vaya.
A ver: para que una hipótesis -de la magnitud de la que se esparce profusamente por los colectivos- tenga sustento y credibilidad debe ir concatenada a tres elementos torales:
1)Ni si quiera sabemos si el Presidente Obrador seguirá con calificaciones aprobatorias.
2)Si su gobierno alcanzará, en esas fechas, números positivos.
3)Si Morena va a seguir estando en el ánimo de los electores.
De no ser así, el Presidente Andrés Manuel, no va a arriesgar su salida.
Acordará, negociará y pactará con quién, de acuerdo a las circunstancias, le garantice paz y tranquilidad en su retiro, bajo el precepto de que es el séptimo año de gobierno el más complicado.
Tan pragmático, como es, cargará los dados para quien le asegure las condiciones que necesita un exmandatario para enrolarse de nueva cuenta a una vida normal como la de cualquier ciudadano común.
Difícilmente va a trasgredir el A-B-C de la sucesión, máxime que, en su proyección personal, está descolgar la hamaca y leer un libro en su Quinta de Palenque, Chiapas.
Bajo esa premisa, pierde importancia si el candidato a gobernador, el favorito a convertirse en el titular del Ejecutivo (2024-2030), es o no de Morena.
El bueno será el que haya sido palomeado por los acuerdos cupulares, sin importar su siglado.
Acuerdos donde, el relato de la misma historia, indica que quién lleva mano es el presidenciable, no el Presidente.
Pablo Salazar Mendiguchía, era el candidato de Vicente Fox Quesada, no de Ernesto Zedillo.
Juan Sabines Guerrero, era, en realidad, el candidato de Felipe Calderón Hinojosa, con quién durante el sexenio tuvo una relación estrecha, no de Vicente Fox, ni de Andrés Manuel López, aunque Sabines y Obrador fueron candidatos del PRD, uno a la presidencia de México y el otro a la gubernatura de Chiapas.
Manuel Velasco Coello, fue el candidato de Enrique Peña Nieto, no de Felipe Calderón Hinojosa.
Rutilio Escandón Cadenas, fue el candidato de Andrés Manuel Obrador, no de Enrique Peña Nieto.
El aspirante presidenciable, en ese instante, lo que desea es ganar, y el Presidente acordar su tranquilidad desde la jubilación.
En esa lógica, todo aquel que desea gobernar el país, se decantará por quien mayor rentabilidad electoral ofrezca. Votos, pues. Al Tiempo.
Comentarios Atrincherados
*** El Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC), está quedando como la gran institución respetable en la que todos los chiapanecos deben creer.
Todas las decisiones del IEPC han sido respaldadas por el tribunal local, aspecto que le otorga credibilidad.
No cabe duda que Oswaldo Chacón Rojas, ya trabaja en las cúpulas su gran sueño: ser consejero del Instituto Nacional Electoral(INE).
El tema postelectoral lo está operando con filigrana, al grado de que ha llamado la atención del mismo Lorenzo Córdova.
Oswaldo, exuda esa escuela que se forjó allá en el génesis de Nuevo Milenio. HASTA PRONTO.









