Por la Conciencia
Dr. Roger Heli Díaz Guillén
En democracia es ético reconocer que los escenarios de las campañas políticas municipales en Chiapas distan mucho de ser una auténtica fiesta democrática o un espacio para la deliberación y real confrontación de ideas. Observándose que cada tres años los procesos electorales municipales se consolidan como sofisticados mecanismos de control social y reproducción del poder, donde el discurso público se reduce a una simulación vacía y los proyectos de gobierno verdaderamente incluyentes brillan por su ausencia. La política en el ambiro municipal no se diseña para transformar realidades, sino para administrar pobrezas y asegurar lealtades temporales.
Al fondo de este problema se encuentra un discurso político profundamente desgastado y demagógico. Los candidatos municipales sin importar partido suelen recurrir a una retorica de la promesa fácil y el asistencialismo paternalista. hablan de “progreso”, “justicia social” y “apoyo a los necesitados”, pero estas palabras operan como meros fetiches verbales. Detrás de la propaganda no hay diagnósticos serios ni presupuestos planificados y suficientes; ni estrategias a largo plazo para abordar los problemas estructurales del municipio como la falta de estructura básica, el desempleo estructural o la alarmante deserción escolar. El discurso político no busca educar ni proponer, busca encandilar y adormecer.
Este vacío pragmático se compensa con un férreo control territorial corporativo. Las campañas en los municipios de Chiapas operan bajo la lógica de clientelismo y la coacción velada o explicita. En las zonas rurales e indígenas como en las periferias urbanas el voto se gestiona a través de intermediarios y caciques locales que condicionan el acceso a programas sociales, servicios básicos o apoyos comunitarios, La voluntad ciudadana se fragmenta y se tasa en el valor de una despensa, un techo de lámina o una promesa de empleo en el ayuntamiento. El ciudadano deja de ser un sujeto de derechos y actor de la democracia para convertirse en una “cuota electoral controlada”.
La consecuencia más grave de este modelo es la exclusión sistemática de las mayorías. Aunque la propaganda oficial insista en la pluralidad, la realidad es que las estructuras de toma de decisiones en los municipios siguen cerradas a los sectores más vulnerables, como las mujeres, jóvenes, pueblos y comunidades indígenas y afro mexicanas, que son utilizados como escenografía para fotos y videos en mítines, pero quedan marginados una vez que se reparte el poder, No existen canales reales para que las comunidades diseñen sus propios planes de desarrollo; el presupuesto municipal se maneja de manera opaca y se destina a mantener las redes de complicidad que permitieron el triunfo electoral.
Asimismo, la recurrente inestabilidad y la presencia de factores de presión externos en diversas regiones del Estado añaden una capa de vulnerabilidad a los procesos locales. La política municipal se ha vuelto una actividad de alto riesgo en algunos municipios donde el control no solo se ejerce mediante el dinero, sino también a través del miedo. En este entorno hostil, la posibilidad de construir proyectos ciudadanos democráticos y pacíficos se reduce drásticamente, dejando a la población atrapada entre la indiferencia de las autoridades y la imposición de poderes facticos.
Las campañas municipales en Chiapas reflejan una dolorosa paradoja: Mientras más recursos económicos se inyectan a la mercadotecnia electoral más pobre es el debate político y publico y; menor es el impacto real en el bienestar de la gente. Por lo que es urgente transitar de la política de control y el discurso hueco hacia una cultura democrática que exija plataformas de gobiernos claras y construidas desde la base social o por lo menos lo que se presenta en el IEPC sean discutidos con el pueblo. Sin ello, mientras que la ciudadanía no logre romper las cadenas del clientelismo y exigir una inclusión real, los ayuntamientos seguirán siendo botines políticos y no motores de desarrollo que los municipios, pueblos y comunidades indígenas necesitan.
Concluimos contextualizando que el marco de referencia expuesto se funda en estudios e investigaciones realizados por la UNAM, CIESAS del Sureste y profesionales investigadores que identifican en Chiapas sobre el tema: Dinámicas de control, clientelismo y manipulación; corporativismo y control político. Contextos de vulnerabilidad y coacción. Clientelismo y alianzas pragmáticas. Reconociéndose que existen plataformas y debates obligatorios ordenados por el IEPC para efectos de informar y politizar a la ciudadanía en temas básicos como Desarrollo económico, seguridad, , justicia, derechos sociales: aunque, en la práctica los proyectos de gobierno y propuestas municipales se quedan en los escritorios del IEPC, ya que estos contenidos de acciones de gobierno municipal no se sociabilizan con la ciudadanía, porque se consideran NO necesarios al contar los poderes facticos con otros mecanismos de control del electorado










