EL PAÍS
Este no es otra vez el verano de las mascarillas, pero las restricciones se mantienen y de nuevo los pueblos y ciudades españolas que cada verano se entregan a la religiosidad popular en estas fechas, con la festividad de la Virgen del 15 de agosto como momento cumbre, están viendo cómo sus verbenas, encierros, cabalgatas y demás celebraciones locales quedan suspendidos por segundo año consecutivo. La quinta ola ha frustrado las expectativas alimentadas por el buen ritmo de vacunación y en la recámara se están quedando fiestas y procesiones que hace dos meses no parecían imposibles.










