Sin control, la contaminación

M de R/ Diario de Chiapas

Las bocinas que cientos de establecimientos comerciales utilizan en el centro de Tuxtla Gutiérrez para tener música todo el día, o para anunciar los productos que venden, solo contribuyen a un ambiente ruidoso y perjudicial para el ser humano, porque no respetan los límites máximos permitidos para la emisión de ruido.

Da igual si venden ropa, teléfonos celulares, productos por catálogo o quesadillas, todos los días se emplean bocinas con música a nivel de volumen que podría estar superando las normas que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), establecen qué es un ruido molesto y perjudicial para el ser humano: cualquier sonido superior a 65 decibelios (dB).

En concreto, dicho ruido se vuelve dañino si supera los 75 dB y doloroso a partir de los 120 db. En consecuencia, se recomienda no superar los 65 dB durante el día e indica que para que el sueño sea reparador el ruido ambiente nocturno no debe exceder los 30 dB.

La contaminación acústica en Tuxtla Gutiérrez va más allá de un ambiente ruidoso en las calles, que se combina con el motor de los automóviles, motocicletas, cláxones o de las obras que se realizan; el ruido excesivo y constante, puede provocar aumento de la presión arterial, dolor de cabeza y, ante sonidos extremos y constantes, gastritis, colitis o incluso infartos.

También episodios de estrés, fatiga, depresión, ansiedad o histeria tanto en seres humanos como en animales.

Un recorrido por los establecimientos del centro de la capital, solo como ejemplo, demuestra que tampoco se hace cumplir por parte del gobierno municipal el Artículo 95 del Reglamento de Protección Ambiental, que establece, respecto a los establecimientos comerciales, que deberán priorizar un aislamiento acústico suficiente para el ruido generado en su interior, y que no rebase los niveles permitidos al trascender a las construcciones adyacentes, a los predios colindantes o a la vía pública, este último aspecto, el que menos respetan.

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