Normales, ¿la mejor opción para estudiar?

Como cada inicio de ciclo escolar, miles de jóvenes del nivel medio superior deciden continuar sus estudios, pero en cientos de casos, las estructuras o conocimientos básicos para lo que son aptos quedan atrincherados en el salón de clases por la desidia en la que incurren los profesores de orientación vocacional, quienes abandonan a su suerte el futuro de los jóvenes.

La pregunta del millón sobre ¿qué quieres estudiar? muchas veces queda en el limbo y por ello hombres y mujeres se deciden por lo más fácil o hacen segunda a la profesión que sus padres tuvieron o hubiesen querido haber estudiado.

En todo México, las políticas públicas han fallado en detrimento de la juventud, pues la oferta educativa muchas veces carece de sustentabilidad para garantizar que los que egresan tengan empleo seguro.

El gobierno, a través de su autoridad educativa se equivoca al no realizar estudios de factibilidad sobre carreras que están saturadas, es decir, son más las personas que terminan una profesión que los empleos que puedan generarse para que se ocupen en su vida profesional.

Un problema que se ha venido acrecentando año con año, pues no se cuida este segmento y prefieren seguir subsidiando la educación, aunque sabe que, en un corto tiempo, los problemas estarán a la vista en el campo laboral.

En México, de acuerdo con la Anuis, existen cerca de 45 carreras que se ofrecen en las escuelas públicas y privadas y de las cuales, por lo menos, una de cada tres registra una saturación. Otro dato revelador para conocer la crisis es la cifra que da el Inegi: 55 de cada 100 egresados no ejerce su profesión y se sobre emplean en sectores informales.

Esta reseña se retoma ahora que se ha dado a conocer que miles de jóvenes presentarán examen de admisión para ser maestro normalista. Los problemas que a diario se registran en los medios de comunicación, donde profesores de generaciones de por lo menos hace una década siguen sufriendo por no tener empleo, debido a que no hay plazas en el sector educativo, sea este nivel federal o estatal, es una constante cada año y aun así se siguen abriendo las plataformas para darle cabida al estudiantado. 

Y no sólo se registra en Chiapas, entidades como Oaxaca, Guerrero y Veracruz presentan esta situación. Lo vemos con los normalistas de la Rural Mactumactzá que durante todo el año demuestran que saben más sobre prácticas bélicas que lo que dicen los libros. Lo sufre la ciudadanía cuando los desmanes en oficinas, en las carreteras o en los edificios que toman, rebasan la norma para solicitar apoyos. Lamentable que los jóvenes exijan a punta de bazucazos que les extiendan una plaza laboral porque ya se “fregaron” cuatro años “estudiando” en las aulas.

No se entiende cómo se permite que haya exámenes para concursar 3 mil 600 plazas en las 18 escuelas del nivel superior cuando no hay garantía de que tendrán empleo los que van a ingresar como los que egresan.

Lo mismo pasa con un sinfín de carreras, cuyo futuro se visualiza más que negro. No intentamos desalentar el ímpetu y los sueños que muchos jóvenes tienen, pues de que hay elementos que se esfuerzan por alcanzar las mejores notas para ser un profesional que Chiapas requiere, los hay. Lo malo es que las acciones generalizadas dan en el traste por la irresponsabilidad en la que incurre la mayoría.

Es cierto, habría que recalcarlo, el paternalismo en la que ha incurrido el gobierno de darle todo a cambio de nada, es quizás el error más grande que ha orillado a que los resultados en términos generales sean negativos. 

Esta situación no es propia de Chiapas y no sólo para el caso de quienes quieren ser maestros normalistas, trabajadores trabajadoras sociales, educadoras, abogados, médicos, administración de empresas, periodismo, por citar sólo las más renombradas como saturadas en el país. La misma alma mater, la UNAM, presenta año con año el problema de que los miles de egresados se quedan sin trabajo y en tanto tienen suerte para colocarse, se alquilan para taxista o se vuelven expertos en las ventas por catálogo.

Son datos que deben orillar a las autoridades de la Secretaría de Educación estatal y federal a evaluar en qué situación se encuentran las carreras más demandadas, pues estudiar para que más tarde los profesionales anden con la escoba en la mano no tiene ningún sentido.

Claro está que el problema es complejo y más integral, es decir, desde la Secretaría de Salud o el Congreso de la Unión, se tienen que implementar políticas que contengan la natalidad desbordada. Aprendamos de Japón, de los países europeos, cuya política es tener cuando mucho dos hijos por pareja. Es una demanda que hay que tomar muy en cuenta para no seguir empobreciendo al núcleo familiar.

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