Rescate fallido       

Se dijo en este espacio 10 días después de la tragedia que el de los mineros era un caso especial de distracción, pero, además, tras largos y agónicos 27 días, desde aquella mañana del 3 de agosto cuando quedaron atrapados en la mina de carbón en el Pinabete en Sabinas, Coahuila, el tiempo ha puesto al descubierto que estamos en pañales para responder a un problema de tan alta dimensión.

El rescate de los cuerpos de las 10 personas que quedaron atrapadas en el fondo de la mina de carbón –a más de 60 metros de profundidad-, ha quedado muy lejos de las expectativas optimistas de las autoridades del gobierno federal.

Y más allá del hecho, el manejo engañoso de su rescate en un mínimo de 10 días como se prometió y difundió con alharaca desde el principio, ha evidenciado que no tenemos el equipo humano ni técnico para emprender una labor titánica que los familiares de las víctimas confiaban que se podría realizar.

Creyeron en el “ahora sí”, “mañana bajamos”, “ya hay las condiciones”, “la ayuda llegó” y ahora resulta que será de 5 a 11 meses lo que las tareas tardarán en llegar hasta el fondo de la mina. Pensar que los mineros están vivos sería un milagro. Respetar la decisión de la familia de que les entreguen los cuerpos es una buena respuesta de la autoridad.

Si el gobierno está decidido a no cancelar los trabajos y mantener vigente el tema en la agenda nacional es parte de la política del gobierno de la Cuarta Transformación. Lo dijimos en su momento, mantener la distracción a los temas torales de violencia e inseguridad es parte de la estrategia.

Una labor social humanitaria es más productiva que estar escuchando y viendo las escenas terroríficas de violencia, quema de unidades vehiculares, masacres y demás actos que describen el verdadero estado de sitio que se vive en las entidades del centro y norte del estado.

En los medios nacionales se describen los narcobloqueos, la aparición de personas embolsadas, los enfrentamientos entre grupos delincuenciales, y desde este domingo, la marcha de padres de familia que demandan medicamentos para sus niños con cáncer.

Por ello esta acción solidaria y como le enfatizamos, humanitaria, se pondera porque al pueblo también hay que darle el enfoque de que el gobierno es compasivo, piadoso y caritativo.

De ahí que los escenarios de la Cuarta Transformación aplauden cuando se escucha del presidente exigir en público al director general de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, que se aplique para que se apoye en el rescate de los mineros.

O el compromiso del mismo presidente de la República cuando dice que se indemnizará a los deudos, pero no con la ayuda “convencional”, sino con más, de lo que se trata es tranquilizar a la familia.

Si ello es lo más correcto, no acaso sería mejor pensionar de por vida a los hijos o familiares de las personas fallecidas y que el lugar de la tragedia se decrete como un camposanto para que, de acuerdo a las creencias religiosas de las víctimas, sus almas descansen en paz.

O se habrán puesto a pensar cuánto serán los millones de pesos que se reportarán para el rescate de las víctimas. Acaso no es mejor que la investigación contra los responsables de las garantías arcaicas que tenían los trabajadores sea bajo un castigo penal ejemplar. O también que esto sirva para regularizar la actividad en todo el país, para que se le dé voz a los trabajadores de que exhiban las carencias con las que trabajan.

Además, es una buena oportunidad para que las autoridades correspondientes se aboquen a hacer su chamba, desterrando las complicidades.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dice que les costó mucho tranquilizar a las familias, luego de que les notificaron que los trabajos se prolongarán por meses. El que les haya ofrecido más dinero como indemnización es una buena oferta que en estos tiempos de crisis nadie, absolutamente nadie, rechazaría, cuando saben y están ciertos que los mineros han pasado a mejor vida.

Que no espante entonces que las posturas triunfalistas de la titular nacional de Protección Civil, Laura Velázquez, eran irresponsables, pero al final, de lo que se trataba es que se ganara tiempo para que las familias asimilaran que los trabajos eran a ciegas, sin esperanza. En suma, un rescate fallido.

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