Casino de San Cristóbal, del ex diputado Carlos Morales Vázquez

El día de ayer jueves fue inaugurado al público en San Cristóbal de las Casas el casino llamado Orus y un día antes, en un evento con invitados especiales, incluido un grupo proveniente del norte del país, fue presentado con bombo y platillo a la población en general.

El funcionamiento de este centro de “esparcimiento”, no se duda en decirlo desde el primer momento, será la puntilla a la serie de actividades violentas, fuera de la ley, que se registran en el municipio, capital del turismo.

Hasta la Congregación cristiana “Alas de Águila, Ejército de Dios”, que encabeza el aguerrido Esdras Alonso González, adelantó que no es buen momento para abrir un casino en San Cristóbal de Las Casas, por la inseguridad que prevalece desde hace varios meses”.

Como bien dice el religioso, es echarle más gasolina al fuego, porque esto podría traer más irregularidades en la ciudad. La casa de apuestas y de juegos de mesa y tragamonedas será el punto final de enajenación. De lo que no está enterado el religioso-político es que hasta un clérigo llegó al casino para bendecirlo y orar para que en las apuestas y juegos “todos ganen”.

Lo interesante del tema es que por mucho que se diga, el casino no será fundamental para la reactivación económica ni habrá un alza en el número de empleos ni se tiene la certeza que se vayan a pagar los impuestos correspondientes, si se toma en cuenta que, en esto último, hay injerencia de familiares de funcionarios ‘picudos’ en la ciudad coleta. 

Decíamos, el miércoles hubo una pre inauguración de caché, en la que estuvieron presentes empresarios y los hermanos de la máxima autoridad en este municipio, sin dejar de mencionar al ex diputado federal, Carlos Morales Vázquez, el honesto y transparente, como cuando se mostraba y ensalzaba con el grupo de reporteros exclusivos a los que enamoraba con una botella de wiski o un desayuno para que les difundiera sus “actividades legislativas”.

Es tanta la importancia de las repercusiones, que hasta el propio personaje en mención tiene guarura. Todo indica que Morales Vázquez es el socio mayoritario del casino Orus.

De dónde habrá sacado la paga, o acaso le alcanzó lo suficiente por los honorarios obtenidos durante su gestión de legislador, que, por cierto, fue barrido al intentar reelegirse. Se entiende que su posición como diputado federal fue aprovechada para gestionar la tramitación de los permisos que se obtienen en la Secretaría de Gobernación.

No cabe duda que poco a poco se irán “transparentando” los generales de otros que estén atrás del funcionamiento del casino, que, dicho sea de paso, no se critica por echarlo a andar, sino porque se instala en un municipio donde la violencia e inseguridad le ha ido ganando terreno a la autoridad municipal y estatal.

No queremos imaginar el relajo que se puede armar cuando los “amigables y tranquilos” motonetos se les ocurra ir a apostar y algo no les cuadre. No somos aves de mal agüero, pero también, ahora que estamos refiriéndonos a refranes, hay uno que engloba el comentario: “piensa mal y acertarás”.

Por lo pronto, en los dos primeros días de la inauguración, el casino puede ser también una zona de tolerancia disfrazada, ya que se vio a muchas mujeres que llegaron a las afueras del negocio para encontrar “clientes” de pesos.

El misticismo de ser una ciudad tranquila se ha ido pervirtiendo con el paso de los años. Si de por sí en los comentarios de café en esta ciudad, se coincide que los negocios de casas de apuestas son idóneos para efectuar el lavado de dinero, la concentración de personajes ligados al crimen organizado, la distribución y consumo de droga, son temas que habría que tener mucho cuidado para no arrepentirse el día de mañana.

La tranquilidad y paz de la Ciudad Real está a prueba. Queremos equivocarnos, pero el tiempo pondrá a cada quien en su lugar.

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