La de usted, la mejor opinión

Una gran controversia se ha generado por el uso de cabello largo o pintado para los jóvenes que se han presentado en estas condiciones a sus centros educativos, ahora que inició de manera presencial el ciclo escolar 2022-2023.

En el país, la Conapred ha documentado casi 500 denuncias que detallan que los directores de las escuelas han prohibido el ingreso del alumno debido a que no es un buen ejemplo para sus compañeros y su aparente “mala apariencia” viola las norma que establece el instituto educativo.

En realidad, en pleno siglo XXI, la forma de vestir, de hablar, de comportamiento, difiere mucho de lo que se acostumbraba a finales del siglo XX. Eran otros tiempos en los que presentarse a la escuela era llegar bañados, con el cabello corto (los tintes no se usaban o acostumbraban), los zapatos bien lustrados y hay de aquel que tuviera roto el pantalón o la blusa porque era objeto de burla (hoy bulling) por parte de sus compañeros.

Es más, la madre de familia procuraba cocer o ponerles parches a los pantalones. El niño de primaria o secundaria podría llegar tarde a la escuela, pero nunca mal peinado, con vaselina al tope para que le marcara el copete al estilo Peña Nieto. No llevaba un peso en la bolsa, pero era aguantador al hambre o los amigos “disparaban” un pedazo de torta. Se tomaba agua de la llave.

Faltarles el respeto a los maestros era una tragedia y si se le cachaba haciendo travesuras o no llevaba la tarea, se le castigaba con reglazos en las manos, en las pompas o un jalón de patilla eran los castigos más severos. A los alumnos más pesados, que los había, se les ponía como pena, quedarse parados en una esquina del salón, con libros en las manos.

Las anécdotas de las personas que rayan en la mayoría de edad y que disfrutaron esta infancia o adolescencia se quejan de que ahora ya no es lo mismo. Los tiempos han cambiado tanto, dicen, que ahora hasta los niños ya hablan en demandar a sus padres porque sus derechos están siendo violados.

Y en este caso, hasta el Senado de la República avaló que se prohíban los chanclazos, el cinturón o reglazos. Aunque también hay que decirlo, fue una exageración pues los padres de familia continúan, a una menor escala, en la corrección de sus hijos con una que otra zarandeada.

Antes, levantarle la voz al papa o a la mamá era prácticamente un suicidio. La tunda recibida era para no olvidarla en toda la vida. Los maestros se respetaban y, sobre todo, eran ejemplo de lo que debe ser un catedrático.

Hoy se argumentan que se vive otra época, la de la tecnología, la de la libertad, la de la igualdad en derechos. Un letrero que se hizo viral encierra todo este contexto: “Mi cabello no afecta mi aprendizaje”. Y sí que estamos de acuerdo. En la otra cara de la moneda, hoy la moda y las tendencias es que un joven puede llegar con un pantalón roto, sin zurcir.

El cabello largo en los hombres y el corto o pintado de varios colores es ya una moda, y que debemos respetar.

Sin embargo, las escuelas públicas y privadas tienen una normatividad y justamente acá es donde se encuentra la controversia, ¿dejar o no ingresar a las escuelas a quienes vayan con estas características en su persona”.

El debate está presente, aunque al final, esto no debe ser impedimento para negarles el ingreso a la escuela. Qué es mal visto o se cae en conductas inapropiadas, creemos, se está exagerando. Tenemos que aprender a vivir con lo que se tiene.

En Europa está forma de comportamiento es de antaño y no por ello se deja de ir a la escuela o le impide el ingreso a la misma. La Conapred asegura que la conducta afecta porque los jóvenes “no aprenden reglas, no aprenden límites, no aprenden respeto, no aprenden tolerancia, no aprenden disciplina, no aprenden autocontrol, no aprenden a diferenciar situaciones, lugares y personas, no pueden estar por la vida haciendo lo que quieren”.

Que hay discriminación y que se trata de imponer un modelo personal es una situación que debe analizarse. A lo largo de la historia se ha demostrado que lo que se consigue desde el seno familiar será básico para enfrentar los desafíos venideros y ahí debe estar la clave para enderezar el rumbo, si es que está chueco o perdido. Por eso decimos que, en este escabroso tema, su opinión es la que cuenta y vale.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *