Urge trabajar por el bien de la Sección 50

El pasado 5 de septiembre, el personal que se concentra en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud Sección 50 realizó la elección para elegir a su nuevo dirigente sindical. Desde el triunfo de María de Jesús Espinosa de los Santos, en 2018, luego de que ganara con calzador, tras encabezar junto con otras enfermeras una huelga de hambre por la situación que imperaba en al interior de hospitales y clínicas, no se había convocado a elecciones, además de que la pandemia provocó el retraso.

Sin que se conozcan desmanes, más allá de las inconformidades mínimas de los participantes, el proceso se realizó sin violencia. Resalta el que la mayoría del personal haya decidido darle otra vez su voto al controvertido y cuestionado José Luis Díaz Selvas, de quien pesan acusaciones de fraude, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y otros delitos durante su “dictadura” al frente de la Sección 50, en el año 2008 cuando empezó su jettatura al frente del sindicato, que perdió en 2018.

Un centenar de enfermeras dijo que a “la gente le gusta la mala vida” por aquello de que han sufrido en carne propia los embates del “líder” y aun así le dieron su voto de confianza para que retornara a la dirigencia.

El personal que hace posible la atención de los chiapanecos que están en condición de vulnerabilidad, se lamentó que no haya una visión de futuro, de mejoras para quien se encarga de atender a los enfermos y de que acaben los malos pasajes de que no haya medicamentos en los anaqueles para aliviar los dolores, que son muchos, de la población.

Una mujer que tiene 30 años al servicio de una clínica de San Cristóbal de Las Casas, con licenciatura en enfermería, no se explica cómo es que sus compañeros le dan el visto bueno a quienes llamó “dinosaurios rateros”.

Se refiere a que Díaz Selvas, candidato de la planilla verde, con una diferencia de más de mil votos de su adversario más cercano, durante los 10 años que estuvo al frente del sindicato se le cuestiono que “desapareció” más de 187 millones de pesos.

En su expediente se contempla que ha sido el protector de su hijo Luis Díaz Hernández, a quien colocó como jefe de departamento de Adquisiciones del hospital Gilberto Gómez Maza, en donde hay denuncias acumuladas por desvío de recursos económicos y materiales.

Lamentan que ahora que la mancuerna padre e hijo están al frente de áreas importantes, el suministro de las medicinas volverá a estar más crítico, pues hay evidencias que se expiden las facturas de compra, pero los medicamentos no aparecen.

El dirigente tendrá que enfrentar y resolver una denuncia que lo involucra en la venta de plazas en 2017 en la ciudad de Comitán, donde el oficio de expedición avalando el proceso está firmado por José Luis Díaz Selvas.

Fuera de las demandas que deberían seguir su curso, aunque por el tráfico de influencias es más seguro que continúen engavetadas, lo que es urgente y prioritario es que la dirigencia sindical y las autoridades estatales de la Secretaría de Salud, se sienten a dialogar para atender el rezago que se presenta en el sector.

Existen cientos de casos de personal que fue despedido en los años que fungió Díaz Selvas como dirigente y que aún no hay resolución, además de que se transparente la nómina de “aviadores”, 

Urge que los hospitales y las clínicas o centros tengan garantizado que haya material de curación, equipo médico, abasto de medicamentos, buenas condiciones de infraestructura. En esta temporada de lluvias, por ejemplo, existen nosocomios que no tienen la capacidad para albergar a los familiares que velan por la salud de sus enfermos.

Un ejemplo claro de ello es el hospital Gilberto Gómez Maza. El más grande de la entidad y el que alberga a los heridos o enfermos de toda la geografía chiapaneca, no cuenta con un espacio digno para que la familia pueda resguardarse del agua. Menos que tenga un área para descansar y ya no se diga, baños para atender las necesidades fisiológicas.

De no ser por las familias chiapanecas solidarias de todos los extractos sociales e integrantes de religiones o agrupaciones diversas, que acuden a llevar comida y en su acción, mucho aliento para enfrentar los designios de la vida, su precaria situación económica estuviera, como se dice popularmente, “arrastrando la cobija”.  Para iniciar, esta sería una buena acción, construir un espacio digno para resguardarse del agua o calor, y si hay comedores, mucho mejor.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *