Antes de la minifalda, pensar en el México que nos agobia
En el mundo de la política encontramos personajes a quienes se les reconoce su formación académica, que son líderes por lo que dicen y hacen, y también hay los que no saben ni dónde están parados.
Regularmente este fenómeno se refugia en los congresos de los estados y en las Cámaras Alta y Baja, donde la llegada de hombres y mujeres convertidos en legisladores se da muchas veces por tráfico de influencias o pago de favores.
En la elección de 2021, sin ir muy lejos, algunos diputados y diputadas que hoy representan a sus estados, sin dejar de incluir a Chiapas, están “trabajando” desde una curul por el voto que obtuvieron por el efecto Andrés Manuel López Obrador.
Decíamos, hay otros que se les ubica por sus tablas políticas, por su conocimiento en lo que plantean, por los debates que generan, porque son el símbolo referencial del partido y en este caso nos referimos a Juan Zepeda, uno de esos legisladores centrados, estudiados, por lo menos así parece.
A él se le ha visto desde la Tribuna, presentando argumentos fundamentados del porqué sí y en otros casos, del por qué no, se debe respaldar una iniciativa que se presente ante el pleno. Los temas de la Reforma Electoral, la Guardia Nacional, la Reforma Eléctrica, fueron un ejemplo donde demostró de qué está hecho.
Sin embargo, el negrito en el arroz ha sido la reciente reforma que planteó relacionada de que en México la imposición de vestimentas o atuendos sexistas en los lugares laborales, reproducen y perpetúan los estereotipos y la violencia de género, y, por lo tanto, deben prohibirse porque se considerada violencia laboral.
El prohibir que meseras con escotes o minifaldas ha traído una serie de comentarios, en la que muchos coinciden que hay tantos conflictos delicados que tienen paralizado el país, para que se debata el tema, que no es menor, pero que no viene al caso.
Es más, noticiarios y páginas virtuales aprovecharon para consultar a la ciudadanía sí estaba de acuerdo en esta iniciativa que ayudaría a disminuir los casos de violencia en las mujeres. En esencia se modificaría el artículo 11 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
Para el diputado federal “la sexualización de los cuerpos de las mujeres va desde la publicidad e imágenes en puestos de periódico, hasta la obligación de vestirse de una manera sexualizada en centros de trabajo como bares y restaurantes”.
El uso de la minifalda tiene su historia y no es fácil desterrar su uso que nació en como una forma de liberarse de lo tradicional, principalmente en las calles de Nueva York y Londres. Después, con el inicio del movimiento de la liberación sexual, acompañado por el descubrimiento de la píldora anticonceptiva, revolucionó los estereotipos del momento.
El uso de la minifalda, no sólo se ha utilizado a lo largo de la historia en bares o restaurantes, como dice Zepeda. En el Congreso de la Unión hubo una legisladora en el año 2012 que causó furor -en el inicio de las redes sociales-, por usar una minifalda que distrajo las miradas de los legisladores y algunos comentarios de sus compañeras diputadas.
Es lógico que existen los lugares apropiados para usar tal vestimenta y no hay que negar que quien la porta, sabe que las miradas se centrarán en su persona y no precisamente debe ser con un enfoque libidinoso. Hay quienes aprecian la estética y lo bello que representa la mujer.
O también el cuestionado debate que organizó el entonces IFE, no por la profundidad de lo que hayan expresado los candidatos, sino por el pronunciado escote que portaba la edecán que fue contratada para pasar el café y el agua a los participantes. En ambos casos pudo haberse tratado de una falta de respeto, pero en realidad todo depende del enfoque que se le dé al acontecimiento.
Para muchos no es cuestión de incitar a la violencia contra las mujeres el que usen estas prendas, el hecho es que esta tradicional moda prevalecerá por siempre. Los comentarios de los usuarios en redes avalando en su mayoría su uso, debe ser un parámetro para que hoy en día se centre el trabajo legislativo en temas torales que México requiere con urgencia, y no en temas que podrían abordarse cuando la ocasión sea propicia.
La inteligencia del legislador en mención debe enfocarla a otros menesteres. La violencia contra las mujeres no se incrementará en proporciones mayúsculas por usar o no minifalda en equis o zeta lugar, no. Ya tenemos suficiente violencia y agresiones con el incontrolable crimen organizado.
Qué mejor que enfilar las baterías en contrarrestar la inseguridad, el desempleo, la falta de medicamentos en todos los niveles, la inflación desbordante que nos ahoga, en normar y castigar a los empresarios explotadores de trabajadores en las minas, en que se castigue a los funcionarios corruptos del pasado y del presente, en que se baje los precios de los combustibles, en vigilar que no se siga despilfarrando el dinero de las arcas públicas en proyectos de tercera. Hay mucho por hacer, antes que pensar en prohibir el uso de la minifalda.










