¿Hasta cuándo se pondrá en su lugar a los pulpos del transporte?
¿Servirá de algo para los asalariados conductores de colectivos y taxis la presencia de la Secretaría de Movilidad y Transporte en su rol de velar por la seguridad de éstos y del servicio en general que se ofrece al usuario?
Desde hace años, se han ventilado la serie de irregularidades con los que los funcionarios de esta dependencia se desempeñan no para beneficiar al trabajador del volante, sino para prestarse a los negocios de los concesionarios, muchos de ellos, llamados también pulpos del transporte.
En cualquier parte del estado, se narran en los medios de comunicación querellas de conductores que tienen que exponer su vida y la de los pasajeros, para cumplir con la cuenta del patrón, echarle gasolina a la unidad y de paso, ver si les queda algo para la comida que tienen que llevar a sus hogares.
Delegados y secretarios van y vienen y no hay para cuándo la transparencia en este sector será una realidad. No se inventa cuando se habla de manera generalizada de la corrupción que impera en la Secretaría. Aquiles Espinosa García, por ejemplo, quién arribó como la gran esperanza para sacar toda la pudrición que existe al interior, ha resultado igual o peor que sus antecesores.
Un funcionario de pacotilla que en lugar de ofrecer solución y diálogo a los transportistas que lo han interceptado para recibir atención, les avienta en la cara la puerta de la oficina. Muy valiente con la envestidura de la Cuarta transformación, ha hecho de todo, menos dar el gran salto que se requiere para que los hombres que se friegan hasta 17 horas continuas al volante se les respeten sus derechos y, principalmente, su dignidad como seres humanos.
En la cacaraqueada postura institucional que se trabaja en la entrega de 20 mil concesiones, hay tanta inconformidad que la autoridad ha callado. Es más, las denuncias cotidianas comprueban que los delegados han hecho su fortuna en la confabulación que tienen con los poderosos concesionarios, de quienes reciben “aportaciones” por hacerse de la vista gorda por irregularidades en el servicio que se ofrece.
Un ejemplo a todo este embrollo es el paro de labores que emprendieron varios valientes hombres del volante de la ruta 56, en Tuxtla Gutiérrez, quienes denunciaron el sistema represor que utilizan los dueños de las placas y de las unidades automotoras, ya que les suben el costo de la cuenta del día y les acortaron el tiempo para realizar sus recorridos.
Sin duda, un acto desmedido que pone en peligro la vida de quienes hacen uso de este servicio y que va en detrimento de la economía de los conductores. El que argumenten los “pulpos” que por el regreso a la normalidad hay más movimiento tienen que pagar 300 pesos más, de mil 300 a mil 600, es sin duda, una acción arbitraria.
Si bien ya todas las escuelas iniciaron de forma presencial sus clases, mucho movimiento paraliza el tránsito vehicular y eso afecta, porque los tiempos se acortan. Por eso se cuestiona el trabajo institucional de Aquiles Espinosa al frente de la Secretaría del Transporte, pues los de siempre, los asalariados, son los más perjudicados.
Mientras no haya transparencia en el trabajo de los funcionarios y hagan algo para poner en cintura a los concesionarios, este problema seguirá por siempre. Ya quisieran los usuarios que de acompañantes en este servicio se suban los funcionarios de la Secretaría o de cualquier dependencia oficial, para que se percaten de cómo es la odisea que viven para trasladarse de un lugar a otro.
O acaso -dentro de sus funciones- no está facultado el secretario de Movilidad y Transporte para enviar al Congreso del Estado una iniciativa en la que se contemple por ley el pago de seguro social, aguinaldo y demás prestaciones de ley para todos los trabajadores del volante.
Hacerlo no pidiéndoles permiso a los concesionarios para ver si quieren o no, sino como ha estilado la Cuarta Transformación de que es lo mejor para el país. Se imaginan la adoración que le tuvieran los cientos de miles de choferes que sufren esta situación en el país al mandatario en turno.
No se espantarse si los pulpos amenazan con parar el sector, para ello se tiene ya al servicio del pueblo las unidades del Ejército, de la Marina, de la Guardia Nacional y del Estado chiapaneco, que pueden ofrecer el servicio. No es una locura esta propuesta, es cuestión de que dejen de estar contando los billetes que se echan a la bolsa por “ver pasar el tiempo”. El momento de poner en cintura a los malquerientes concesionarios debería ser una realidad.










