Hacienda, con Jiménez, en el manejo de los recursos
Su trabajo ha sido silencioso, sin aspavientos, pero eficaz. Al secretario de Hacienda en Chiapas: Javier Jiménez, no le gustan los reflectores públicos como acostumbraban sus homólogos de administraciones anteriores y que hoy, pasados los años, siguen siendo cuestionados por su pésimo desempeño, al servicio personal del gobernante en turno.
Lo que hace hoy en día el funcionario responsable de las finanzas públicas es digno de reconocer, y no lo hacemos para adjudicarnos el término de paladín, sino porque en la práctica Jiménez ha mostrado congruencia y entregado buenas cuentas, al gobernador Rutilio Escandón Cadenas.
Tan es así que los que conforman el sector empresarial están conscientes que lleva un manejo responsable de los recursos financieros y aplica de manera correcta una política hacendaria apegada a las circunstancias que viven los chiapanecos.
No por ello la entidad ha reflejado una excelente respuesta recaudadora al aplicarse programas y campañas para que la ciudadanía se acerque a las oficinas de Hacienda para hacer pagos atrasados hasta por 10 años.
El que en cuatro años se vea en las calles del estado el trabajo de obra pública es por la transparencia con que se ejecutan y administran los recursos, y, además, de suma importancia el que no haya deuda pública. Cuadrar números para no agravar la herencia maldita que dejaron gobiernos como la de Juan Sabines Gutiérrez, hace dos sexenios atrás, es digno de destacarse y más reconfortante el que se pague puntualmente la millonada de interés y la reducción de la misma.
Habría que tomar en cuenta que, en este ajuste de cuentas al interior de las finanzas públicas, la Secretaría se enfrentó a un problema que vino a poner obstáculos en demasía como lo fue la pandemia, que durante dos años obligó a apretarse el cinturón al máximo.
El trabajo que Javier Jiménez realiza tiene que ver con la recaudación que también se está haciendo en los municipios, donde el funcionario ha hecho alianzas. Lógico pensar que no todos son corresponsales con la confianza que les dio el pueblo, pues hay uno que otro alcalde que se aprovecha de esta condición para embolsarse recursos.
Tan es así que no logran ocultar su voracidad, su apetito de transar y traicionar a quien lo encumbró en el poder. La política de austeridad que ejemplifica Hacienda en ocasiones hace ver mal y exhibir el oportunismo, decimos, de los presidentes municipales, que no llegan a entender que su actuar será sopesado por los gobernados y éstos nunca se equivocan.
Por lo que a Jiménez corresponde, ya anunció que el presupuesto que se destinará para el 2023 seguirá siendo austero, con un manejo reservado, conservador, privilegiando la política del mandatario estatal de hacer más con lo mismo.
En alguna ocasión se le escuchó decir “que existen muchas necesidades y requerimientos, pero apretarse el cinturón ayuda mucho, además de trabajar bajo los principios de ética, integridad y responsabilidad social”. Conceptos que se traducen en no más deudas en los municipios.
Ahora que, si se gobierna con lamentaciones, como lo hace el alcalde de Tonalá, Natividad de los Santos, quien tiene al municipio sumido en la mediocridad, sólo porque al señor le dejaron una deuda de 30 millones de pesos y por ello no puede hacer nada, pues imagínense que diríamos del mandatario estatal que sobre su cabeza tiene que resolver la nada despreciable suma de casi 20 mil millones de pesos que dejó Juan Sabines.
Gobernar es un reto, administrar los recursos y hacer que alcancen forma parte de la personalidad y profesionalismo de los expertos, por eso es loable que en esta administración en lugar de estar llorando como lo hace De los Santos, se haya enfocado a sacar el barco del pantano en que quedó varado.
En la primera semana de octubre, el secretario de Hacienda advirtió a los ediles y alcaldesas a “proteger los recursos que les son etiquetados para el pago de la nómina de su base trabajadora, además de evitar el subejercicio para no caer en complicaciones que les puede derivar en sanciones”.
Bien dicen que sobre aviso no hay engaño y el día de mañana cuando les caiga la guillotina no salgan con la batea de babas de que no sabían o de que su tesorero no les informó lo que había que hacer.
Acá no hay de otra, el manejo de los recursos públicos representa una gran responsabilidad, ya que se deben ejercer acorde a los programas y proyectos previamente establecidos. Y replicando las palabras del secretario es “sagrado no fallarle al pueblo y a los mismos trabajadores”. Lo que quiere decir es que están advertidos. La honestidad debe ser el principio ante cualquier movimiento financiero.










