No más odio, México es más que eso
Era lógico que Felipe Calderón Hinojosa, ex presidente de México, sería quien se engancharía en el debate mediático que busca mantener vigente el gobierno federal para desviar la atención a los problemas graves que continúa padeciendo el país en materia de seguridad, y por la reforma a la Ley Electoral que pretende cambiar al INE para tener elecciones futuras a modo, como era antes, cuando el gobierno las organizaba, según el argumento de los conservadores.
Hace dos semanas, Calderón y Ernesto Zedillo se metieron a la “boca del lobo” para disentir, desde Madrid, España, contra lo que llamaron un gobierno populista que encabeza Andrés Manuel López Obrador, pues esta forma de gobernar provoca un retroceso en el combate a la pobreza y la desigualdad, en la que el mandatario no se hace responsable de nada.
Calderón acusó que con AMLO se está perdiendo la democracia en México y se subleva la persecución de los principales opositores al presidente.
La exhibida que hizo Felipe Calderón no cayó nada bien en las huestes de la Cuarta Transformación y obtuvo una leve respuesta de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien se enfocó más en Zedillo por el caso Fobaproa.
Sin embargo, ahora los dimes y diretes se centraron entre el expresidente Calderón y el actual secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández.
En sus recorridos por el país para cabildear que se apruebe la reforma de las fuerzas armadas, el encargado de la política interna del país abordó el controvertido tema de “Rápido y Furioso”, donde señala que Calderón tiene denuncias en La Haya por crímenes de lesa humanidad.
El programa “Rápido y Furioso” se trataba de armas de grueso calibre que entraron al país para “combatir” al crimen organizado, pero a decir del funcionario federal, el armamento terminó siendo vendido a la delincuencia organizada. Calificó la administración del panista como “un gobierno traficante de armas”.
Y para echarle más fuego a la hoguera, el propio presidente de México dijo esta semana en la mañanera que era necesario realizar una investigación en torno al operativo Rápido y Furioso.
“Es a todas luces ilegal, violatorio de nuestra soberanía y eso se pactó entre gobiernos de Estados Unidos y de México. Eso ya no se permite. Imagínense ponerse de acuerdo para que de manera clandestina se introduzcan armas de Estados Unidos a México con sensores para que esas armas lleguen a la delincuencia y que con esos sensores se pueda detectar quiénes las usan y detenerlos e ir por ellos. Lamentablemente usaron esas armas para homicidios”.
Adán Augusto López, por su parte, se refería a la denuncia presentada en noviembre de 2011 por diversas organizaciones civiles y respaldada por 20 mil ciudadanos en la cual se solicita juzgar a distintos funcionarios, entre ellos al entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa, por asesinatos, desapariciones forzadas, torturas, violaciones, ejecuciones extrajudiciales, persecuciones y migración forzosa, entre otros delitos de lesa humanidad.
La respuesta a través de sus redes sociales de parte del ex mandatario fue corta, pero precisa: «No secretario Augusto, no existe ninguna investigación internacional contra mí, tampoco en “La Haya”. «Infórmese antes de hablar! Para mentir se requiere talento. Aquí le dejo los casos bajo investigación en la Corte penal internacional», y remató con la frase: » Ya siéntese señor».
El tema no es menor y no porque se enjuicie al exmandatario o se haga sorna con fines políticos. Lo realmente preocupante es que desde 2006, año en que Calderón gobernó el país y le declaró la “guerra” al crimen organizado, la ola de crímenes, desapariciones, tráfico de droga, de armas y demás ilícitos que se circundan alrededor del tema, no ha parado.
Las ejecuciones no cesan, la guerra entre grupos no termina y lo que es peor, no tiene para cuándo acabar, principalmente por un destinatario que nadie quiere tomar en cuenta y que es parte de esta lucha violenta sin cuartel: en Estados Unidos de Norteamérica hay millones -se calcula que unos 50- de personas que son dependientes de los narcóticos y a los que hay que “alimentar” para aliviar sus problemas existenciales.
Por ello las posturas políticas con fines aviesos deben finiquitarse, no más atropellos para alcanzar objetivos de beneficio personal. México es más que eso. Lo que se haga del pasado, bienvenido, pero sin aspavientos ni mensajes de odio disfrazados. Si hay denuncias contra Calderón pues que se apliquen y punto.
Dicen que el “horno no está para bollos” y México se encuentra en esta situación. No se requieren más escenarios de escarnio ni montajes ni declaraciones en fuera de lugar que sólo sirven para alimentar el momento. En la política mexicana y en las decisiones cupulares urge la necesidad de ser creativo, honestos, transparentes y encaminar nuestro actuar hacia una salida honrosa, digna de un pueblo que ha sufrido tanto que ya se acostumbró al circo que los políticos protagonizan. Es tiempo de cambiar.










