(II PARTE)
¿Cuál fue el error de Credit Suisse?
Adam Tooze
La crisis de Credit Suisse esta semana se desencadenó por la ansiedad global por los activos bancarios desatada por la mini ola de quiebras bancarias en EEUU. El pánico se refleja en el aumento del precio de las permutas de incumplimiento crediticio de la deuda de Credit Suisse (CS).
Los problemas en CS van más allá de eso, por supuesto.
El banco había superado la crisis de 2008 relativamente mejor que su gran rival suizo, UBS. Mientras que UBS necesitó una intervención estatal a gran escala, Credit Suisse confió en las inyecciones de capital del Golfo, la liquidez en dólares de la Reserva Federal, tanto directamente en Nueva York como a través de las líneas de intercambio y el Banco Nacional Suizo. Podría decirse que, según Tobias Straumann, el eminente historiador de la banca suiza, esto hizo que Credit Suisse fuese descuidado.
Después de una serie de escándalos en 2021, la valoración en el mercado de valores de CS se separó del resto de la banca europea y UBS.
Tidjane Thiam como CEO quería separar el banco universal nacional y convertirla en una operación suiza independiente. Pero fue expulsado en circunstancias escandalosas. En 2022, los clientes de gestión de patrimonio comenzaron a perder la paciencia con el banco y, a finales de año, el flujo constante de retiradas de depósitos se convirtió de repente en una riada.
Fue esta situación precaria la que hizo que los temblores que venían del otro lado del Atlántico fuera tan peligrosos para Credit Suisse.
Visto desde esta perspectiva, la crisis es el resultado de la intersección de la crisis estadounidense con la mala gestión corporativa. Pero, ¿Por qué tuvo CS tantos problemas? Como señala Straumann en su entrevista con NZZ, la debacle de Credit Suisse se comprende mejor como la última fase del esfuerzo plagado de crisis de la élite liberal de Zúrich (Freisinn) para construir campeones corporativos a escala mundial sobre la base de la incestuosa red política de Suiza.
El mundo ha conocido a los gigantes suizos del chocolate, a los gigantes farmacéuticos, de seguros y bancarios, pero detrás de ellos había importantes redes locales. En Suiza, el ala política de las élites era el partido FDP, uno de los partidos que siempre han estado en el poder en la democracia conservadora de la Confederación.
Las redes de negocios de los Freisinn giraban alrededor de figuras como Rainer Gut, que dirigió Credit Suisse en su campaña de globalización en la década de 1980, ayudó a crear el desafortunado conglomerado Swissair y también formó parte de la junta de supervisión de Nestlé.
Swissair fracasó después del embargo de sus aviones en 2001. Y Credit Suisse también se metió en serios problemas a principios de la década de 2000. El papel de Gut fue asumido más tarde por Walter Kielholz, quien vinculó Credit Suisse con Swiss Re, el gigante de los reaseguros, y fue uno de los grandes mecenas de las artes en Zúrich.
La arrogancia de esta red de influencias, que busca combinar un banco universal suizo nacional, una operación de gestión de patrimonio global y una banca de inversión al estilo estadounidense, condujo finalmente a Credit Suisse a sus dificultades actuales. Sin embargo, también son esas conexiones las que aseguraron que nunca se permitiría que fracasara.
la dirección empresarial y el estado suizo se enfrentan actualmente a decisiones difíciles. El estado suizo mantiene únicamente dos bancos, UBS y Credit Suisse, como rivales. Queda por ver si eso es sostenible. El candidato más obvio para hacerse cargo de Credit Suisse es UBS, pero como informa Owen Walker:
El mes pasado, una persona involucrada en los juegos de guerra de UBS le dijo al FT que el banco estuvo en estado de alerta por una llamada de emergencia «999» del gobierno suizo. «El país está comprometido con un modelo de dos bancos, pero seríamos ingenuos si no nos preparáramos para ello», dijeron. En el escenario presentado por Abouhossein, si UBS se hiciera con el negocio, haría una OPA a los negocios suizos de Credit Suisse, cerraría el banco de inversión y conservaría los departamentos de gestión de patrimonio y activos. Pero para los ejecutivos de UBS, que se están centrando en hacer crecer el volumen de negocio del grupo en EEUU y ponerse al día con las valoraciones del banco en Wall Street, una adquisición de Credit Suisse les distraería demasiado. «Los reguladores tampoco querrían que UBS lo asumiera, ya que crearía demasiado riesgo en una entidad», señala una persona involucrada en la estrategia de UBS. «Estarían creando algo que nunca podría ser destruido».
Lo que está en juego no son simples asuntos de estabilidad financiera global, o principios generales de política de la competencia, sino la reorganización en el siglo XXI, bajo el signo de la globalización, de las redes de élite en una sociedad pequeña y confinada que remonta sus raíces al siglo XIX. Alfred Escher -el político liberal y líder empresarial que fundó el predecesor de Credit Suisse, el primer banco de Zúrich, hace 167 años, y gran impulsor de la industrialización ferroviaria en Suiza-, se estará revolviendo en su tumba.










