Política fallida, la de Migración
La tragedia registrada la noche del lunes en un albergue de la Ciudad Juárez, Chihuahua, pone en evidencia la fallida política de contención y atención de las personas provenientes de otros países de Centroamérica, Sudamérica e incluso de Asia, que buscan internarse hacia los Estados Unidos.
El gobierno federal, otra vez en el ojo del huracán, y esta vez fueron los siempre castigados y maltrechos migrantes que transitan buscando el añorado sueño americano. El Instituto Nacional de Migración de nueva cuenta se mete a la bolsa de las infamias a 39 personas que murieron calcinadas o ahogadas por el humo que se generó durante un incendio que se registró en el interior de un área de alojamiento de la Estancia Provisional de la ciudad chihuahuense.
Si bien se informó de manera institucional que la conflagración inició porque los migrantes prendieron fuego a una colchoneta en protesta por conocerse que serían deportados a sus países de origen, y que éste se propagó porque alguien de ellos le echó solvente al fuego, es una irresponsabilidad que debe castigarse.
¿Dónde estaban los guardias de seguridad? ¿Por qué la estancia tenía cadenas y candados? ¿Por qué los encierran como si fueran delincuentes? El trato inhumano que se denuncia todos los días se les da a los grupos de migrantes, lamentable decirlo con este ejemplo, es una muestra de cómo se las gastan los policías y funcionarios del Instituto que ven a estas personas como si fueran “bichos sarnosos”.
La tragedia pone, otra vez, en evidencia que el trasiego y transporte de personas sin papeles regulatorios por el país, es un cáncer que se vive en el sistema gubernamental no de ahora, sino de todos los tiempos, aunque es preciso decirlo, en los últimos cuatro años ha crecido como la espuma.
Por todos lados hoy se escucha y se ve que transportar migrantes es el negocio del momento. Miles y miles de millones de pesos se ganan con la transportación de estas personas. Chiapas, la principal zona de ingreso, ejemplifica la corrupción en la que están involucradas autoridades del propio Instituto Nacional de Migración, las que operan los retenes, las policías y hasta alcaldes que se hacen de la “vista gorda” para ordenar dejar pasar los camiones repletos de personas extranjeras.
No por mucho las denuncias públicas de los migrantes señalan que el mayor peligro al que se enfrentan al pisar territorio mexicano es la corrupción con las autoridades gubernamentales, de los cárteles que operan en la zona del Soconusco y otros grupos de mafiosos que tienen en el traslado de los migrantes, a su mejor negocio emprendido del año.
Tuxtla Chico, Cacahoatán, Suchiate y decenas de caminos de extravío son las principales zonas por donde los migrantes entran como “Pedro por su casa” sin que nadie los moleste. ¿Dónde está la función de la policía migratoria, la de la Guardia Nacional?
¿O acaso un camión con por lo menos 200 personas pueda pasar desapercibido en su peregrinar por las carreteras del país? ¿Dónde se ubican las casas de seguridad para atender a tantas personas que tienen que hacer la parada oficial para sus necesidades prioritarias? ¿Dónde están los servicios de inteligencia para detectar estos movimientos irregulares? Muchas preguntas y una sola respuesta: Corrupción en todos sus niveles.
No se trata de poner rigor en la investigación para deslindar responsabilidad en la tragedia, se requiere, prioritariamente, que la autoridad evite estos acontecimientos, se necesita un reordenamiento en la política social y administrativa en el tratamiento que se le da a los hermanos extranjeros que huyen de sus países para encontrar en otros lo que no han podido lograr para sacar adelante a sus familias.
Los dichos de que no somos iguales o que la corrupción se ha aniquilado en este gobierno, aunado a las malas prácticas, falta de táctica o preparación para atender a este vasto segmento humanitario, es parte de una demagogia que con el paso del tiempo está abriendo los ojos a los mexicanos de que “el león no es como lo pintan”.
Lo cierto es que de las lamentaciones se debe pasar a los hechos y lo primero que se tiene que reconocer son las fallas estructurales y políticas emprendidas para darle seguridad a miles de hermanos migrantes que sólo buscan cómo subsistir honradamente en este paso por la vida. Ahora que tampoco se vale que se diga que por los errores del pasado es que suele pasar este tipo de calamidades.










