Nada se ha hecho por el autismo
Dos meses después de la muerte de Damián, en una guardería de la capital chiapaneca, se escuchó en los pasillos del Poder Legislativo la voz de una diputada que dijo que propondrá una iniciativa para reformar la ley en materia de autismo.
El pasado 7 de febrero se registró el lamentable deceso que hasta hoy no ha sido esclarecido ante el cúmulo de inconsistencias que contiene el expediente, que incluso tuvo que intervenir el propio presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para darle celeridad y transparencia en la investigación.
El tema del pequeño ya ha sido abordado por esta casa editorial, y por ello, creemos, tenemos la obligación de ahondar en la situación que sufren los padres de familia al no tener para sus hijos, los centros escolares suficientes y capacitados para darle la atención educativa que se merecen. Si bien en el DIF Chiapas se hacen esfuerzos para atender en la Clínica Especializada de Espectro Autista, donde les brindan terapia para este trastorno, los esfuerzos del servicio de rehabilitación distan mucho con la educación que deben recibir en los centros escolares.
Y en este sentido, prácticamente están desamparados, desprotegidos, y al final, esta situación se convierte en un serio problema para las familias que tienen niños con autismo, ya que se sienten impotentes para apoyarlos y sacarlos adelante.
En la reciente conmemoración del Día del Autismo, hay que destacar los esfuerzos institucionales que se realizan por consolidar el centro integral para atenderlos, con un espacio digno, moderno y funcional, a fin de garantizar una atención de calidad, profesional y especializada para quienes lo padecen.
Pero no es suficiente en el sentido de que las demás instancias o poderes manifiestan desinterés por corresponder con acciones que aterricen los apoyos para este sector. Y lo decimos porque no se ha escuchado a ningún político, legislador o legisladora, a alguna autoridad de la Secretaría de Educación, secundar la propuesta de la señora Amparo, madre de Damián, de que harán hasta lo imposible para construir una escuela especial que atienda a los niños con autismo.
Qué necesidad hay de que los padres del pequeño tengan que deshacerse de un bien material, como es su propiedad, para comprar un terreno y le hayan solicitado al gobierno federal que se encargué de construir el centro escolar.
En este tema del predio, bien puede el gobierno municipal de Tuxtla y la LXVIII Legislatura ponerse a trabajar para encontrar el lugar idóneo para iniciar este gran proyecto que inició por la muerte de un pequeño que truncó su aspiración a una vida como la que añora y tiene cualquier ser humano de este planeta.
Hace un par de días, la diputada Petrona de la Cruz Cruz, dijo a los medios de comunicación que propondrá una iniciativa para “reformar la ley en la materia, con el objetivo de beneficiar a quienes viven con esta incapacidad del desarrollo cerebral”.
Cómo intención se agradece, pero se lamenta que hasta el momento no haya un pronunciamiento público de los diputados y diputadas para que se esclarezca el caso de Damián. ¿Por qué callaron cuando el reclamo ciudadano era y sigue siendo de justicia? ¿Por qué ahora la legisladora sale con el choro de que es “urgente una legislación acorde a las necesidades y demandas actuales? Una normatividad que promueva la detección temprana, intervención oportuna y atención integral del autismo y que impulse políticas públicas para favorecer su inclusión social, educativa, laboral y cultural.
Si bien no se demerita la intención, porque es urgente atender a este sector, insistimos, dónde está al clamor de justicia de todos los integrantes del Congreso, para exigir transparencia en la investigación ni se ha visto que alguien acompañe y se solidarice, mínimo, con el dolor de Amparo y Mauricio, padres del niño.
La legisladora Petrona pide reflexionar sobre la vida de estos niños y niñas, pero no se trata de ello, sino de actuar. Tampoco se trata de que eche el rollo de qué significa el autismo, sus causales y el sufrimiento de quienes lo padecen.
Argumenta y responsabiliza a la sociedad de que no respeta su diversidad y estigmatiza y discrimina a las personas con autismo. «La sociedad les niega oportunidades de salud, trabajo y participación en prácticamente todos los ámbitos. Les impone barreras y obstáculos para que puedan crecer». Si bien esto puede ser verdad, quiénes se han preocupado desde el pasado para resarcir estos daños y prejuicios.
Ojalá que la propuesta de la diputada tenga resultados favorables y no se quedé en puras iniciativas que van directo al cajón del escritorio, pues los niños con este padecimiento reclaman a gritos que alguien les tienda la mano para su desarrollo automotriz y desarrollo educativo.










