Jóvenes como diputados a partir de los 18 años, ¿acierto o desacierto?

Apenas se aprobó por mayoría de votos en la Cámara de Diputados que los jóvenes que tengan 18 años pueden acceder a la política, las posturas encontradas se ventilaron en los medios de comunicación y redes sociales.

Si bien es cierto que, al cumplir la mayoría de edad, con la credencial del Instituto Nacional Electoral como el documento máximo del origen mexicano, hombres y mujeres también son objeto de derechos fiscales, es decir, empezarán a pagar impuestos si es que trabajan, también tienen la obligación de elegir a sus gobernantes. Hoy se abre la posibilidad de que puedan acceder a una curul en el país.

Muchas preguntas surgen de esta iniciativa, porque si bien la mayoría de los integrantes del Congreso de la Unión avalaron reducir la edad de 25 a 18 años, lo primero que salta a la mente es si serán capaces de representar a un estado o a toda la nación. La mejor respuesta la tiene, como siempre, la ciudadanía.

Sin embargo, algunos políticos ya se han pronunciado a favor, y de inmediato en las redes sociales cuestionan que esta medida obedece a que la inmensa mayoría de legisladores y quien fungen como secretarios de Estado o están como dirigentes de partidos políticos, les urgía para colocar a sus herederos y seguir succionando las arcas públicas, aunque no haya resultados positivos donde se vea el desarrollo de México.

Quizás haya mucha razón en ello, pues en Chiapas, por ejemplo, han existido familias de “alcurnia” que en el pasado estuvieron en los reflectores públicos y que sus primogénitos hoy en día, están incrustados en el gabinete estatal, federal o en el Congreso.

Tanto es que algunos periodistas que fungieron como jefes de prensa de algunos gobernadores, hicieron amistad con el mandatario y éste los incrustó en algunas de las legislaturas, ¿y qué pasó? Pues pasaron de noche, sólo alabando o echando porras a iniciativas del Ejecutivo o de su coordinador parlamentario.

Hoy, en la LXVIII hay diputadas que ya fueron en el pasado y volvieron a colocarse como nuestra máxima representante popular. Claro, lo clásico es ser un diputado o diputada plurinominal y cambiarse de partido, aprovechando las conjeturas, para nadar de a muertito en el Congreso del estado.

Ya nos imaginamos que los dirigentes del Partido del Trabajo, por decir lo que está más al alcance, se están frotando las manos para que en la elección del 2024 los veamos “bien portaditos” en una curul, máximo cuando le ha dado resultado su alianza que ha tenido con Morena, pues todos sabían que ya estaba a punto del “suicidio” por no alcanzar la votación mínima para conservar el registro.

Sin embargo, no todo debe ser negativo y sí los legisladores en la Cámara de Diputados dieron esta señal de optimismo, debe ser, quizás, porque han visto en los simulacros de diputados por un día que se celebran en el país, que algunos de estos hombres y mujeres han manifestado tener las agallas y conocimientos para transformar el país.

En este caso, el beneficio de la duda debe prevalecer pues también está comprobado que los que hoy nos representan sólo están de aparador, de macetera de centro en el órgano legislativo y así no se puede ni se vale.

Ojalá que esta nueva camada de jóvenes de el salto para ir desterrando las caras bonitas, pero improductivas que se placean por el Congreso.

También se requieren jóvenes íntegros que con su visión de cambio y acorde a los nuevos tiempos tecnológicos que se viven, reemplace a esas mentes retrógradas que saltan como chapulín de partido en partido, pero que nada aportan al estado.

Lo han dicho bien, los que hoy nos representan en los congresos están avejentados y hace falta sangre nueva, una condición que compartimos, pero que también debe auscultarse para que no haya quienes busquen su beneficio propio antes que el colectivo. 

Hay quienes opinan que a la edad de 18 años no hay la suficiente materia humana que sepa leer y escribir como para aspirar a representarnos. Bueno, eso puede presentarse, hoy se vive en las legislaturas, pero, insistimos, hay que darle el beneficio de la duda, capaz y surge una “revolución de mentes” que ayuden a sacar al país del atolladero en que se encuentra.

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