En Chiapas se ha identificado este riesgo en distintos municipios, como en Copainalá, Tecpatán, Berriozábal o, incluso, en algunas colonias de Tuxtla Gutiérrez.
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
La enfermedad de Chagas continúa afectando a los pobres. Este sector de la población es el más susceptible al parásito Trypanosoma Cruzi, y también a sufrir sus efectos por la falta de un tratamiento médico oportuno.
En Chiapas se ha identificado este riesgo en distintos municipios, como en Copainalá, Tecpatán, Berriozábal o, incluso, en algunas colonias de Tuxtla Gutiérrez; la presencia de este parásito va de la mano con su agente transmisor: una especie de chinche, llamada también vinchuca, y que se confunde a menudo con la chinche de árbol.
Esta chinche prospera en sitios sucios, o en viviendas que han sido elaboradas con adobe, barro y paja, en donde encuentra espacios para ocultarse y proliferar silenciosamente.
Por lo general, estos insectos viven en las grietas y los huecos de paredes y tejados de casas y estructuras exteriores, como gallineros, corrales y almacenes, en zonas rurales y suburbanas. Normalmente permanecen ocultos durante el día y entran en actividad por la noche para alimentarse de la sangre de mamíferos, entre ellos los humanos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta chinche suele picar a los seres humanos principalmente durante la noche, y son las ronchas que provoca lo que hace que su víctima se rasque y al hacerlo permita el ingreso del parásito, que ha sido depositado junto con las heces dejadas durante la picadura.
Aunque esta forma de infección sea la más recurrente, tampoco se trata de la única; también se identifican como otras formas de transmisión el consumo de alimentos contaminados por el parásito a través del contacto. Este tipo de transmisión suele provocar brotes con una morbilidad más grave y una mayor mortalidad.
También se puede dar la transmisión de la madre infectada a su hijo durante el embarazo o el parto; por transfusiones de sangre o productos sanguíneos de donantes infectados; por el trasplante de órganos provenientes de una persona infectada, y por accidentes de laboratorio.
Una vez que el Trypanosoma Cruzi logra ingresar al torrente sanguíneo, comienza un largo viaje que irá desencadenando la enfermedad, en muchos casos, de una forma tan silenciosa que pueden pasar varios años hasta que la persona sea consciente de los signos de alarma, incluso algunos no lo sabrán sino hasta que el parásito haya dañado el hígado o el corazón, en donde puede alojarse.
José Antonio de Fuentes Vicente, investigador del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), identifica como un potencial riesgo el hecho de que una persona con Chagas puede cursar con la enfermedad sin tener síntomas, hasta que el daño es irreversible.
Algunos tal vez refieran dolores de cabeza, o sentirse tan mal durante la fase aguda, que dura unos dos meses después de contraer la infección, que busquen ayuda médica y ahí descubran que hay un parásito recorriendo su cuerpo.
Sin embargo, aunque una gran cantidad de parásitos circulan por el torrente sanguíneo, en la mayoría de los casos no hay síntomas o estos son leves y no específicos, destacó.
En menos del 50 por ciento de las personas picadas un signo inicial característico puede ser una lesión cutánea o una hinchazón amoratada de un párpado. Además, esas personas pueden presentar fiebre, dolor de cabeza, aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, palidez, dolores musculares, dificultades para respirar, hinchazón y dolor abdominal o torácico.
Al cabo de unos meses el Trypanosoma Cruzi ha logrado avanzar tanto en el cuerpo que su víctima entra en una fase crónica, durante este estadío los parásitos permanecen ocultos principalmente en el músculo cardíaco y digestivo, minando poco a poco la salud de su huésped.
Puede que lleguen a pasar más de dos décadas hasta que la persona afectada enfrente los efectos del parásito, para este momento ya tendrá trastornos cardíacos, alteraciones digestivas y neurológicas.
La enfermedad de Chagas conduce, casi de manera irremediable a muerte súbita por arritmias cardíacas o insuficiencia cardíaca progresiva como consecuencia de la destrucción del músculo cardíaco.
José Antonio de Fuentes Vicente resaltó la importancia de prevenir esta enfermedad, denominada por lo general como una de las “enfermedades de la pobreza”.
Según las últimas estimaciones de la OMS, en el mundo hay entre seis y siete millones de personas infectadas por el parásito causante de la enfermedad de Chagas, y la mayoría de ellas se encuentran en América Latina.
En el caso de México, apuntó el investigador, su mayor presencia está en el sureste, y en Chiapas afecta a pobladores de distintos municipios.
Si bien existe un tratamiento para esta enfermedad, la eficacia dependerá de la detección oportuna durante la etapa aguda, ya que, con el tiempo, como consecuencia del daño orgánico que provoca, es más complicado curar esta enfermedad.










