Ainer González / Diario de Chiapas
Los enfoques convencionales empleados por las clínicas privadas y los Centros para la Prevención y Tratamiento en Adicciones (CENTRA) del sector público deben ser modificados en sus protocolos de atención. El uso de la violencia física y psicológica no constituye una alternativa viable para ayudar a las personas que luchan contra el alcoholismo y la drogadicción y desean superar esta situación.
Luego de que se diera a conocer que algunas clínicas privadas de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos operan fraudulentamente, exacerbando en lugar de mejorar la condición de los pacientes, se reconoce por parte de médicos especialistas la necesidad de ajustar los protocolos de atención en estas clínicas. Los métodos como la violencia psicológica y la tortura, en lugar de favorecer la recuperación, empeoran el estado de las personas que padecen estos trastornos.
“Mucho se oye hablar de otras clínicas privadas, pero recurrir a tales situaciones no sería apropiado. Existen métodos más confiables que pueden brindar un apoyo efectivo para superar estas dificultades. Hay numerosos testimonios que demuestran que es posible lograr la recuperación sin recurrir a la agresión, simplemente brindando apoyo al paciente”, destacó el médico.
Por lo tanto, el médico enfatizó que es responsabilidad de las instituciones proporcionar atención basada en métodos respaldados por la legislación, lo cual no debe descuidar los protocolos de atención familiar.
“Por ejemplo, existen enfoques gubernamentales que establecen un esquema de tratamiento con internamiento, apoyo psicológico y atención médica. Este es un protocolo que ya está en marcha, pero también depende en gran medida del paciente y de los familiares que contribuyan a la rehabilitación. La atención psicológica y médica juega un papel crucial en este proceso”, agregó.
CRÍTICAS DE LOS
FAMILIARES
La desesperación lleva a los familiares de personas adictas a tomar la decisión de internar a sus seres queridos en clínicas que prometen estar equipadas y contar con los recursos necesarios para ayudarles a superar su adicción. Sin embargo, estas clínicas no permiten que las familias estén al tanto del progreso o las condiciones de los pacientes en el día a día hasta después de tres meses de internamiento, cuando finalmente se les permite tener un encuentro.
“Estas clínicas no han brindado ningún beneficio. Maltratan a los pacientes y, en caso de recaídas, los castigan e incluso los golpean”, denuncian los familiares de las personas que han estado internadas en estos lugares.
“En lugar de proporcionar terapia y apoyo, estos lugares mantienen a los pacientes en condiciones de maltrato, sin consideración por sus necesidades básicas, como alojamiento y alimentación. Algunos ni siquiera tienen dormitorios adecuados; deben dormir en el suelo”.
Según testigos, las condiciones en estas clínicas son insalubres y están marcadas por el hacinamiento. Además, los pacientes no tienen acceso a servicios médicos cuando los necesitan, y en ocasiones se les proporciona comida en mal estado o incluso se les niega la alimentación.
“Las clínicas piden mil 500 pesos al mes además de una despensa de 200 pesos a la semana, pero lo que brindan no es suficiente. Las personas salen desnutridas porque no reciben una alimentación adecuada y, si se enferman, no se les proporciona medicación”.
Asimismo, se señala que estas clínicas carecen de personal especializado, ya que su operación recae en familias enteras que desconocen la atención adecuada que se debe proporcionar en este tipo de centros.
A pesar de que las comunicaciones con los familiares de los internos se establecen después de tres meses, muchos no están al tanto de lo que sucede dentro de estas clínicas, ya que enfrentan amenazas que les impiden obtener información.

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