Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
El uso de los dispositivos electrónicos como teléfonos celulares y tabletas aumentó entre los menores de edad; de hecho, durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19 se volvieron imprescindibles para continuar los procesos educativos.
Sin embargo, cada vez se advierten más posibles efectos nocivos por el uso intensivo de estas pantallas, como un empobrecimiento de las actividades y las relaciones sociofamiliares.
Sobre este tema, especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) advierten que debe haber cuidado, especialmente hacia los menores de edad, y de ser posible, retrasar el uso en los adolescentes para prevenir situaciones conflictivas a futuro como la dependencia a estos aparatos y la disminución del rendimiento escolar, o de conductas agresivas cuando se limita su uso.
Padres y madres de una escuela primaria en esta ciudad reconocen que los teléfonos “inteligentes” forman parte de la cotidianidad en casa, y que han llegado a limitar su uso cuando observan conductas de rebeldía, distracción o falta de interés en hacer otras actividades por querer pasar tiempo frente a una pantalla.
Por ejemplo, Jesús, padre de una niña, comentó que puso horarios de uso durante la tarde, que no suelen ser más de dos horas, o que se limitan al trayecto en vehículo, pero no más tiempo.
En cambio, Isabel, también madre de una niña de sexto grado, optó por restringir el uso de la tableta y el teléfono celular, y cuidar el uso de la computadora para fines educativos, al notar que estos equipos le quitaban mucho tiempo de interacción o para hacer otras actividades de carácter deportivo y artístico.
“No le permito el uso porque cuando le di acceso comencé a tener problemas, no quería ayudar en actividades en casa, entonces te ves obligada a tener ese control porque se ponen algo rebeldes cuando les quieres poner límites”.
Patricia también optó por limitar el teléfono a su hija, pero ante el crecimiento en el uso de los dispositivos electrónicos para hacer tareas y otras actividades, asegura que hay momentos en los que se vuelve complicado establecer reglas.
“Establecer un tiempo, un horario, y que entiendan que no pueden estar horas y horas frente al teléfono sin hacer nada”, fue la medida que impuso en casa.
Las nuevas tecnologías son una realidad que no se puede ignorar, pero su empleo desmedido puede derivar hasta en cuadros de ansiedad, como ya lo advierten especialistas en salud mental, que hacen un llamado a regular el tiempo que los menores y los adolescentes pasan ante las pantallas, además de tener un control acerca del consumo de los contenidos.
Otro aspecto asociado al uso de las nuevas aplicaciones es el menor tiempo de atención que tienen muchos menores, acostumbrados cada vez más a pasar con un dedo de una aplicación a otra, de un vídeo a otro, si es que les resulta aburrido, y una cada vez menor tolerancia a la frustración.
Como lo cuenta el docente de Inglés, Rodrigo Hernández, hay estudiantes a los que les cuesta poner atención en una actividad porque quieren que sea rápido, o muy pronto se aburren y abandonan el proceso.
“Sí tiene un efecto el que se acostumbren a tener un tiempo de atención tan corto, más de 10 minutos ya les parece mucho tiempo, entonces sí nos damos cuenta de un estudiante que está haciendo uso intensivo de estos dispositivos.”
A partir del año 2020 se aceleró el uso de la tecnología en los procesos educativos, como lo demuestran estudios del Inegi: hasta el año 2019 los tres principales medios de conexión a Internet en México eran: teléfonos celulares, en el 95 por ciento; computadoras portátiles, el 32 por ciento, y computadoras de escritorio, el 28 por ciento.
Sin embargo, con programas como “Aprende en Casa”, más padres y madres optaron por equipos portátiles para continuar las clases, y fue ahí que el tiempo frente a una pantalla también aumentó, en muchos casos, para actividades extraescolares.
De hecho, las principales actividades reportadas en Internet son el entretenimiento, 91.5 por ciento, la obtención de información, 90.7 por ciento, y comunicarse, 90.6 por ciento.










