Tenemos  derecho a  vivir en paz

  • El mundo malgasta dinero en armarse cada vez más, en lugar de procurar el desarrollo de los pueblos, dice para Diario de Chiapas, Carlos Villán Durán, exmiembro de la ONU

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

Mientras esto se publica Medio Oriente está ensangrentado de nuevo. Israel libra un combate contra la organización palestina Hamás; bombardeos y muertos que se cuentan por miles ocupan los espacios en los noticieros las 24 horas del día. 

Al seguir el desarrollo de estos acontecimientos, y de otros conflictos como el de Siria, Rusia y Ucrania, y el repaso cotidiano de asesinatos en México, da la impresión de que la gran ausente es la paz, que parece no estar en la agenda de las cosas urgentes ¿O sí?

Del otro lado del Atlántico, en España, Carlos Villán Durán, quien fue miembro de la oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas (ONU) para los derechos humanos, opina que hoy es crucial reconocer que tenemos derecho a vivir en paz. Todos, sin ninguna excepción y sin ningún pretexto.

Así lo defiende durante una videoentrevista exclusiva para Diario de Chiapas, en la que expone que, si bien parece algo obvio, hoy los Estados tienen cada vez más problemas para garantizar la paz. Y si no hay paz, entonces tampoco será fácil que haya desarrollo social y prosperidad, como tanto se promete.

De hecho, cuenta que en este momento hay más de cien conflictos armados en el mundo, dicho esto por el Secretario General de la ONU, António Guterres.

LA PAZ, ESE ANHELO

Como presidente fundador de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH), Villán Durán tiene un objetivo: que la ONU declare que la paz es un derecho humano, y que al reclamarlo como tal, se expliquen los elementos constitutivos que deben estar presentes para considerar que, en efecto, una sociedad se está desarrollando pacíficamente.

Incluso su asociación adelantó este trabajo, para facilitarle a la ONU la toma de decisiones, ya que “es algo que parece tan obvio, y sin embargo, no es así en lo jurídico ni en lo político. Nadie niega que la paz es un valor universal, el problema es cuando tratamos de explicar qué es la paz, a qué se refiere estar en paz, y qué se necesita para no vulnerarla”. 

Aunque la Asamblea General aprobó una resolución en 2016 sobre el derecho a la paz, se requiere de una definición más real que satisfaga a la sociedad civil, porque lo expuesto por la ONU “no afirma que la paz sea un derecho humano, tampoco aborda, por ejemplo, el derecho al desarme, al desarrollo, o el conjunto de derechos y condiciones que deben estar presentes para que realmente haya paz”, señala.

De lograrse el objetivo, vivir en paz, y en condiciones que promuevan la paz, no sería más un sueño idílico de las personas, los grupos, los pueblos, las minorías y de toda la humanidad, sino la condición principal para poder disfrutar de todos los derechos humanos universalmente reconocidos.

GUERRA Y NEGOCIO

Esta declaración plantea que los Estados son los principales deudores del derecho humano a la paz. Incluso los exhorta a solucionar sus diferencias por medios pacíficos. Evidentemente esta no es la realidad del mundo moderno.

De hecho la paz tiene enemigos ¿A quiénes no les conviene un mundo pacificado? “A la industria armamentista, que actualmente es capaz de mover más de dos mil 200 millones de dólares”, afirma Carlos Villán.

Y apunta a que este negocio de sangre y dolor tiene la capacidad de doblegar Estados y democracias, incluso de “comprar” a ricos e influyentes, alimentando “conflictos que parecen imparables”.

De la industria armamentista detalla que son multinacionales, la mayoría con sede en los Estados Unidos de Norteamérica, que han logrado enquistarse en el centro del poder estadounidense generando todo tipo de abusos, facilitando el tráfico legal e ilegal de armas, con una capacidad de corromper Estados inimaginable.

“El negocio de las armas mueve más dinero que el narcotráfico y el tráfico de personas juntos”, incluso apunta a que los intereses armamentísticos pueden, si es necesario, “tumbar regímenes”, lo que explicaría el debilitamiento de muchas democracias o, como sucede en México, “alimentando una corrupción interna, generada, entre otras cosas, por el dinero de los traficantes de armas”.

SUMARSE A LA PAZ

Estados Unidos, los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y otros regímenes que se sostienen gracias a la violencia, están en contra de reconocer este derecho. Así lo explica Carlos Villán:

“Ellos acompañan la negación de este derecho porque significa mover el estado actual de las cosas. Estados Unidos es una potencia imperial que se mantiene por la fuerza bruta de las armas.

En el momento que se reconozca que la paz es un derecho de todos los seres humanos se van a quedar sin argumentos para justificar la dominación del mundo mediante las armas”.

¿Y qué pasa si este bloque se sostiene? “No es necesario que estén a favor para que la comunidad internacional reconozca este derecho, como sucedió con la prohibición de las armas nucleares, algo en lo que ni Estados Unidos ni las otras ocho potencias nucleares estaban de acuerdo, y pese a ellos, se logró un tratado”.

Cuando se reconozca que los Estados deben abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en las relaciones internacionales, y el derecho de los pueblos a la libre determinación, entre otros, comenzará una cuenta regresiva para las naciones bélicas.

Para que esto suceda “hace falta que más países den un paso al frente por la paz, por eso soy optimista al pensar que sí es viable una declaración universal sobre el derecho que tenemos todos a vivir en un mundo pacífico”, afirma Villán.

VIVIR MEJOR

Lugares como Chiapas serían muy beneficiados con la paz, asegura Carlos Villán Durán, puesto que “sin paz no puede haber desarrollo ni salida de la pobreza”.

Incluso, habría un mejor uso de recursos económicos que hoy se destinan en prácticamente todos los países a sostener ejércitos y armamentos “no tiene sentido que en México, con la riqueza en recursos que posee, haya tanta gente en situación de pobreza. Sin embargo, esta riqueza mal distribuida ha ocasionado conflictos, y si una población no es atendida en sus necesidades, entonces será difícil que quieran respetar y cumplir otros derechos”.

Estos recursos, en lugar de servir para armarse hasta los dientes, tendrían mejores efectos a nivel social invertidos en educación, salud, desarrollo sostenible y otros factores que, en su conjunto, crean un ambiente de paz.

“Pareciera que estar en paz no genera beneficios, pero imagine un mundo pacífico, sin más guerras activas, con todo ese dinero malgastado en armas; las armas ya no tendrían sentido, serían solo chatarra, entonces con ese dinero los Estados podrían tener recursos para el bienestar de sus pueblos”.

En opinión de este investigador y docente, dejar de alimentar los conflictos sería el primer gran paso al desarme del mundo. Al quitar los engranajes de esa maquinaria sedienta de sangre y dolor, entonces los seres humanos seríamos conscientes de que somos dignos de derechos, y de entre todos ellos, el de poder vivir en paz.

CHIAPAS Y LOS DERECHOS HUMANOS

Carlos Villán Durán agradeció a la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), la oportunidad de coadyuvar en la formación de defensores de los derechos humanos, a través de la Maestría en Defensa de los Derechos Humanos, del Centro de Estudios para la Construcción de Ciudadanía y la Seguridad (Cecocise).

“Estoy muy feliz de colaborar porque los organizadores tienen un compromiso solidario muy notable, especialmente en defender a la población marginada y de extrema pobreza, en donde ocurren las mayores violaciones de los derechos humanos”.

Destacó que esta maestría tiene entre sus objetivos formar y empoderar a los defensores de derechos humanos, que conozcan el derecho internacional y lo practiquen en las poblaciones que buscan proteger, lo que coloca a Chiapas a la vanguardia en estos estudios.

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