Agentes de Tránsito, exhibidos como unos “buitres”, al servicio de su patrón
El reportaje que esta semana publica Diario Media Group deja al descubierto la verdadera política de avasallamiento que emprendió el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez contra la población que conduce automóviles y motocicletas, principalmente, con el afán de infraccionarlos, pues las indicaciones precisas son “cumplir con la cuota” que les han impuesto los jefes a los agentes de tránsito.
Delicado, muy delicado el que, bajo una norma constitucional disfrazada, los uniformados salgan a las calles con la misión de levantar infracciones al por mayor, así las justificantes de los afectados sean válidas o entren en la consideración de que “solo dejé la unidad aparcada 30 segundos”.
La instrucción se cumple y si no los agentes son castigados, mandados a trabajar “dando agilidad a la movilidad en los semáforos”, parados, sin descanso. Las voces que dan cuenta de ello se meten en el anonimato por la sencilla razón de que los corren y dada la situación precaria de empleo en que se encuentra la capital, prefieren aguantar humillaciones.
En este espacio, Diario de Chiapas da a conocer el trabajo que realiza su cuerpo de reporteros y en esta tesitura, relatan que son más de 2 millones 500 mil pesos los que el Ayuntamiento a través de Tránsito “recauda”, dinero que sirve para la operación política del alcalde Carlos Morales Vázquez.
De hecho, en el estricto sentido de la recaudación de los recursos, éstos son legales, aunque la diferencia recae en los métodos arbitrarios de los uniformados, cuya función ya no es estrictamente darle movilidad vial a la ciudad, sino competir por ver quién realiza más sanciones pues de ello depende que sus bonos incrementen.
Resulta que ahora no sólo SMAPA resultó ser la caja chica del Ayuntamiento, sino que la operatividad “clandestina legal” de los agentes de Tránsito, se ha convertido en la “caja grande” de la autoridad municipal, quien, habría que reconocerlo, ha sido una buena estrategia, pues, aunque los usuarios brinquen y pataleen, al final se someten a la infracción aplicada y si mientan madre, les va peor porque su multa raya en lo grotesco.
Con todas estas acciones, incluida la ampliación del parquímetro, programa que se aplica de forma digital el pago, la ciudadanía en general ha manifestado su inconformidad que se manifestó, aunque usted no lo crea, en el rechazo social que se hizo viral en redes sociales y que el partido Morena tomó en cuenta en la pasada elección al dejar fuera de la candidatura al priista, que portaba chaleco del partido guinda, Aquiles Espinosa García.
Las infracciones que ha padecido casi el 100 por ciento de los automovilistas y motociclistas en el primer cuadro de la ciudad y en los lugares estratégicos que el Ayuntamiento delimitó como zona prohibida para estacionarse, así ésta esté fuera del perímetro central de la ciudad, son en realidad una afrenta al ciudadano.
Una cachetada que la dirección de Tránsito les asesta a los usuarios, en el sentido de que, en lugar de auxiliarlos, de recibir un exhorto, una consideración de que no se aparque porque “afecta la comunicación vial”, los regaña, insulta y los sanciona.
El humanismo institucional ha desaparecido en esta corporación que sólo sirve para “morder” y “fregar” la economía de los usuarios y fomentar la corrupción, porque muchos de los infraccionados, principalmente los conductores del transporte público, prefieren dar una “mochada” que les sale más barata que una multa.
El alcalde Carlos Morales Vázquez fue muy astuto para explotar a la población, para sacarle jugo a la recaudación de un dinero que no se tiene claro el destino que se le da y no se sabe justamente por la cerrazón de sus funcionarios que evaden responder a estas interrogantes.
Afortunadamente esta administración ya se va y le corresponderá al ahora presidente municipal electo, Ángel Torres Culebro, transparentar la forma en que opera la dirección de Tránsito que en lugar de ejercer su función que le distingue el reglamento interno, se ha convertido en un ente recaudador con artimañas y trampas.
El edil electo tendrá la responsabilidad ética de aplicar la ley a estas corruptelas y de redireccionar el trabajo de los agentes de Tránsito para que ya no sean considerados como unos buitres que van a la caza de automovilistas y de quien se deje.










