La misma cantaleta en el PAN

El próximo 10 de noviembre, los cuadros seccionales, más no la militancia, del Partido Acción Nacional, definirán a quien será su próximo presidente o presidenta en la dirigencia partidista. A Chiapas llegó uno de los candidatos que busca la titularidad, Jorge Romero Herrera, un personaje ligado a Marko Cortés y por tanto con mucha probabilidad de que gane, tomando en cuenta que llevará la mano amiga de quien hoy en el líder nacional.

Siempre, por historia, la dirigencia de un partido político, más si éste es nacional, obtiene un poder descomunal para pasearse por todo el país pregonando la fuerza que tiene como para convertirse en un adversario de cuidado para el gobierno en turno.

El PAN es uno de ellos, aunque hoy menguado por los resultados obtenidos en la pasada elección, sigue siendo la referencia “minada”, porque hasta los llamados satélites, quedaron mejor posesionados en el Congreso de la Unión.

Las barbaridades de su dirigente Marko Cortés, quien ha sido exhibido acordando puestos y hasta notarías con partidos aliados, le mermaron fuerza, sin lugar a dudas, en la pasada elección. Sin embargo, el problema no sólo radica en lo que haga el nacional, sino que, en los estados, el abandono trajo como consecuencia que el llamado blanquiazul esté también a un paso de perder su registro como es el caso de Chiapas, donde sus personajes lo han tomado como un negocio personal.

Jorge Romero volvió a recordar que la unidad es lo que le hace falta al partido para recuperar los espacios y ésta es justamente lo que no hay. Chiapas es el claro ejemplo de que todos jalan para donde está el negocio.

El aspirante estuvo acompañado de un controvertido y ventajoso personaje, que no podríamos decir político, como lo es Francisco Rojas Toledo, que hace cuatro años estuvo bajo la bandera de Movimiento Ciudadano, disputando de nuevo la alcaldía de Tuxtla y hoy, con vestimenta azul.

Estos señores creen que la ciudadanía que les ofrece toda su confianza es tonta como para que se cambien de partido de un día para otro. Esa unidad que dijo Jorge Romero no está en boga, es más, se ha perdido.

Francisco Rojas, el galeno que estuvo acompañándolo en la conferencia de prensa, ha perdido esa chispa que le había caracterizado. Las traiciones que ha hecho siendo regidor para beneficiar a la familia es una muestra de que la política la toman como un botín no como una causa social.

Además, la ausencia del dizque dirigente Carlos Palomeque Archila es una muestra más de que no hay unidad dentro del partido. Por lo que se deduce, el “líder” que prácticamente dejó en ruinas al PAN en la elección del pasado 2 de junio, no tiene nexos con Jorge, aunque por su calidad de dirigente estatal y deber moral debió haberlo acuerparlo.

Al PAN le hacen falta nuevos cuadros, que salgan a tocar puertas, que actúen con libertad, sin que tengan compromisos. El anuncio que hace cuatro años hizo Francisco Rojas de que dejaría la política y que se dedicaría a formar nuevos cuadros, aunque en aquella ocasión haya sido defendiendo la camiseta de Movimiento Ciudadano, es el fiel reflejo de que mientras persistan estos hombres y mujeres que buscan negocios para sus familias, el partido se irá a pique.

Ya casi lo está en estos momentos, sin presencia en el Congreso de la Unión, sin presencia en la LXIX Legislatura local, sin cuadros vigorosos jóvenes que digan, somos la salvación, y si los hay, nos lo dejan sacar la cabeza porque entonces esto no sirve para los fines perversos.

El PAN requiere no una transformación, sino que se quiten las máscaras todos aquellos que, desde su escritorio y las redes sociales, intentan persuadir infructuosamente a la ciudadanía.

Lo dijo muy bien Romero de que no son tiempos de andar promocionándose en las redes sociales, como lo hace muy a menudo Francisco Rojas, sino de tocar puertas, de abrirse a la ciudadanía.

El que reconozca y que el PAN acepte que esté en la posibilidad de que la ex candidata presidencial Xóchitl Gálvez y el Frente Cívico Nacional puedan convertirse a futuro en partidos políticos, suena interesante porque este movimiento poder llegar a ser lo mismo que hizo AMLO al desprenderse del PRD, partido que ya desapareció, para encumbrar a Morena.

El mismo efecto de Xóchitl podría ser la salvación para las próximas elecciones de que la oposición vaya recuperando terreno, pero no con personajes que ya deberían estar en el retiro, en sus casas, cuidando a sus nietos, no haciendo de la política su forma más “decorosa” para vivir.

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