Los “coches bomba” le están dando la razón
¿En qué México nos hemos convertido? Qué han hecho los mexicanos para ser hoy carne de cañón de intereses aviesos, de poder, de venganza, de una política pública que no ha sabido corresponder al desarrollo de un país que salió de la tiranía de un partido absolutista como lo era el Revolucionario Institucional, para que, a base de lucha de una izquierda verdadera, sacara del poder a esa derecha, a esos oligarcas que gobernaban para sí al país.
En el siglo pasado México era parte de un sistema capitalista que controlaba los jerarcas del partido que gobernó más de 80 años. A finales de los noventa y principio de este nuevo siglo, mucha gente murió intentando cambiar las reglas del juego hasta lograr que la Constitución Política Mexicana fuera la ventana hacia una vida más democrática, más igualitaria entre todos los que habitamos este país.
El avance fue lento, pero seguro. Las condiciones iban mejorando. La política fue cediendo a la ambición del partido en el poder. Obligar al Estado a dejar el control de las elecciones con el nacimiento de un verdadero organismo autónomo como lo fue el Instituto Federal Electoral, el cual garantizó elecciones limpias y transparentes -salvo aquella famosa donde se señala que Manuel Bartlett hizo trampa, al caérsele el sistema de cómputo de los votos-, ha sido parte de esta historia moderna que iba camino a una verdadera democracia, a luchar todos en igualdad de circunstancias.
Así nacieron, en esa exigencia de que hubiese una verdadera autonomía, de que instituciones hicieran la labor de vigilar la forma en que se conducía el Estado, una docena de dependencias que al día de hoy nos han permitido conocer algunos actos de corrupción.
Ahí está los señalamientos al Fobaproa, a la Estafa Maestra, a la corrupción que se hizo en Segalmex y una infinidad de programas que fueron ventaneados como la cloaca de los gobiernos en turno. Nadie se salvó, ni el PRI, ni el PAN, ni el PRD, ni el VPEM y para variar, ni Morena, este último que nació de una sed de justicia por hombres probos de izquierda que mostraron y encabezaron el corazón, la valentía y el conocimiento para cambiar el rumbo de este país.
Sin embargo, las teorías que se han registrado en la vida han llegado siempre a una misma conclusión: los soñadores de justicia, los que añoraban paz, desarrollo, una vez en el poder, se convierten, se transforman en hombres y mujeres que, para decirlo llanamente, sacan el cobre y ya estando en el poder, éste los corrompe.
En este proceso se ha perdido la misión y obligación que tienen los gobernantes por brindar seguridad social, paz, tranquilidad, desarrollo económico y demás rubros que conforman el entorno en que la sociedad se desenvuelve.
Al final, se ha demostrado que eso no les interesa. Nuestros representantes populares se han coludido con las mafias de poder, con los segmentos o grupos que transitan por el camino equivocado a los principios y valores básicos de una sociedad que ha perdido el rumbo por las malas prácticas.
Hoy, justo en estos precisos momentos, en alguna parte de nuestro México querido, hay desolación y consternación por lo que se registra. Hombres, mujeres y lo peor, hasta adolescentes, son privados de la vida, desaparecidos o les quitan la vida, ante una fallida estrategia gobernar, de simular o en el peor de los casos, de la complicidad que se tiene con la delincuencia.
Hoy da pena decirlo y más reconocer, que el maltrecho líder de Acción Nacional, Marko Cortés, uno entre muchos que no han sabido darle rumbo a la política democrática, tiene mucha razón cuando dice que, para acabar con la impunidad, el gobierno federal tiene que tipificar el delito de «narcoterrorismo», lo que abriría la puerta para solicitar ayuda internacional en el combate a dicho ilícito.
Los atentados con coches bomba que se registraron el estado de Guanajuato le están dando la razón. La situación en el país se ha salido de control, eso duele reconocerlo, y si la autoridad ni siquiera accede a ello, entonces estamos destinados a ir muriendo lentamente con explosiones o balas perdidas.
Lo lamentable es que se vive con miedo, lo triste es que se tengan gobernantes que se les ha comprobado que están coludidos en acciones fuera de la ley, y aun así se les defienda. Urge cambiar el chip, urge que la política aldeana del pasado reciente reconsidere y le entre en la cabeza que esta sed de poder nos llevará a la marginación como país.
No hace falta estar en guerra como otras naciones de oriente. En México se viven situaciones peores porque los focos visibles no es destruir edificios, plantas nucleares, sistemas hidroeléctricos, no, el objetivo es la supremacía del poder por el poder. Eso no se vale, ojalá se reaccione porque no sabemos a dónde vamos a parar con esta psicosis de que se tenga el “Jesús” en la boca. Los mexicanos no merecemos vivir en la angustia, en la desesperación.










